Dime la respuesta: ¿cuál es el día más largo?

11 agosto, 2017

Por Eddy Montilla.

El día sin palabras.

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A reír: buena profesión

10 agosto, 2017

Por Eddy Montilla.

“Conociendo sus gustos, es posible saber qué serán ustedes en el futuro”. Dice una profesora a sus estudiantes. “Por ejemplo, elijan una parte de mi cuerpo que les guste y psicológicamente veremos sus posibles profesiones”.

“Me gustan sus uñas, profesora”. Dice una estudiante.

“Tal vez, serás manicura (manicurista), Sofía”.

“Me gustan sus ojos, profesora”.

“Podrías ser oculista, Manuel”.

“Profe, no se preocupe en decirme nada”. Dice Pablito. “Yo sé exactamente lo que quiero ser: ¡ordeñador de vacas!”

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Dime la respuesta: ¿cuál es la diferencia entre memorizar y aprender?

23 julio, 2017

Por Eddy Montilla.

Memorizas cosas y estarán a tu lado por días a lo sumo. Apréndelas y estarán contigo por años o quizás toda la vida.

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Últimos poemas de amor: entre el amor y la amistad

22 julio, 2017

Por Eddy Montilla.

Si algún día la vez, no le digas nada.

El silencio desnudo siempre ha demostrado

que puede ser tan fuerte como la palabra.

Solo sonríe, con toda tu calma

y así entenderá cómo es la soledad,

cómo puede llegar a horadar el alma.

Háblale de todo, pero no le digas nada.

Ha pasado mucho tiempo,

y el tiempo, todo lo delata.

Háblale de todo, no le digas nada.

De cómo he estado,

de si río o si lloro, si lloro o río,

si todavía salgo por las noches

a dar esas largas caminatas,

ni una sola palabra.

De cómo estoy viviendo o qué estoy haciendo,

si pienso y vivo en el pasado

o si por fin ya lo enterrado,

si sigo bromeando como antes lo hacía

para disimular mi corazón taciturno,

si sigo escribiendo estos tristes poemas,

no le digas nada, por favor, no le digas nada

porque el viento se lleva las hojas secas,

mas las hojas secas también se llevan el viento.

Si algún día la ves, no le enseñes nada,

ni fotos ni vídeos ni viajes ni andanzas

ni regalos ni rumores que mueren con el alba.

Evocar recuerdos, cultivar nostalgias

de ninguna manera aumentan la esperanza.

Hoy, a esta etapa de mi vida,

ya dejo esas cosas para esas “noches de entierro”:

la habitación a media luz…

Jamón Serrano, queso Manchego

y un buen vino tinto que alimente el recuerdo.

Si algún día la vez, párate, pero no te detengas.

Si tú la querías por fuera; yo la quería por dentro.

Yo amaba su alma; tú amabas su cuerpo.

Somos amigos, somos como hermanos,

Los dos la quisimos. Ninguno la tuvo

Los dos perdimos, los dos la olvidamos.

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Hablemos de cine: Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge (2016) peleó y ganó su propia guerra para ser única en su género

22 julio, 2017

Por Eddy Montilla.

Calificación: 8.3/10

Director: Mel Gibson.

Guión: Andrew Knight y Robert Schenkkan.

Título original: Hacksaw Ridge (2016) (inglés)

Género: guerra.

MPAA R (Menores de 17 años requieren el acompañamiento de sus padres o de un tutor adulto. La película contiene material exclusivo para adultos. Se recomienda a los padres investigar sobre la película primero).

Reparto principal: Andrew Garfield (como Desmond T. Doss), Hugo Weaving (como Tom Doss), Vince Vaughn (como Sergeant Howell), Sam Worthington (como Captain Glover), Matthew Nable (como el teniente Cooney)…

Duración: 139 minutos.

La mayoría de las películas de guerra que aparecen cada año son como los rollos de papel higiénico: importantes, pero de dudoso valor. Entre las honradas excepciones de filmes de guerra realmente buenos que vienen a mi mente en estos momentos, les puedo citar Sin novedad en el frente (1930), El puente sobre el río Kwai (1957), La lista de Schindler (1993), Salvar al soldado Ryan (1998) y Cartas desde Iwo Jima (2006). Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge 2016) está peleando y ganando su propia guerra para formar parte de esta gran lista gracias a la maestría con que su director, Mel Gibson, trató dos enfoques sobre la guerra que habían sido muy poco explotados.

Primero: en la somnífera era de héroes omnipotentes, machos cabríos y protagonistas de películas con una inagotable capacidad fortaleza física, el héroe en este caso es presentado en el polo opuesto. Desmond Doss (Andrew Garfield) es un objetor de consciencia, es decir, una persona que se rehúsa a hacer el servicio militar dirigido a la contienda bélica por razones morales y religiosas. Su débil complexión (comparada con la de otros compañeros) y su tajante decisión de servir en la guerra sin usar rifle, disparar ni matar al enemigo lo convierten en el perfecto blanco para ser el primer muerto en la guerra. Doss, prueba a lo largo del filme ser el más valiente de su unidad al pasar toda la noche salvando la vida de combatientes norteamericanos y hasta la de algunos soldados japoneses gracias una increíble determinación y fuerza de voluntad producto de su fe. Su casi marca registrada: “Dame uno más, Señor, uno más”. “Uno más, “uno más” durante el momento más crítico de la película hace estremecer hasta aquellos que se ufanan de tener un corazón impertérrito.

Segundo: muchos directores han puesto al desnudo los sentimientos de los soldados en el campo de batalla y han mostrado cómo usan sus convicciones religiosas como fuente de fuerzas para paradójicamente “matar al enemigo”. También hay muchas películas con pacifistas que buscan soluciones al conflicto bélico desde la comodidad de una oficina y lejos del campo de batalla. Pero en Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge (2016), usted se encontrará con algo completamente diferente: verá a Doss, un hombre cuya integridad lo ata a la idea de tener que servir a su patria en la Primera Guerra Mundial en Okinawa, pero cuya fe religiosa lo obliga al mismo tiempo a no violar el principio o mandamiento de no matar. Desmond Doss tiene que buscar la forma de que ambas situaciones coexistan armónicamente y todo eso, no dentro de una iglesia, sino entre balas y lanzallamas.

Salvo las excesivas e innecesarias escenas sangrientas, demasiado fuertes para un espectador aprensivo, y las últimas tomas donde aparece Doss descendiendo de la cresta como un simple mortal herido y luego aparece en la siguiente toma ascendiendo al cielo como un ángel, hay que quitarse el sombrero en señal de respeto para Mel Gibson por su obra de arte. En cuanto a Andrew Garfield (Desmond Doss), su actuación es tan buena que hasta los adjetivos clásicos que se usan para elogiar en ocasiones como estas quedan cortos. Sin duda, una gran película llena de emociones que le hará mantener la boca abierta por casi dos horas.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

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Conociendo Japón (3): análisis de su éxito empresarial y sistema de trabajo: ventajas y desventajas

21 julio, 2017

Por Eddy Montilla.

La mejor forma de entender lo que significa el trabajo en Japón es mirando la vida de las abejas: tienen un excelente sistema de organización de trabajo (igual que los japoneses), pasan casi todo el tiempo concentradas en lo que tienen que hacer independientemente de la aspereza de su trabajo y de su vida misma (igual que los japoneses) y cuando su labor ya no puede ser realizada o no es necesaria, su razón de vivir también llega a su fin (igual que muchos japoneses).

Aspectos positivos del sistema de trabajo en Japón

(+) Fuerte sentimiento de pertenencia y fidelidad a la compañía donde se labora

Desde Estados Unidos hasta Francia, desde China hasta Kenia o desde Australia hasta Brasil, es decir, a cualquier lugar donde viaje, verá el mismo pensamiento de los trabajadores con respecto a la compañía donde laboran: salario recibido por horas trabajadas. “Yo estoy aquí porque me pagan un salario con el que puedo poner comida sobre la mesa. Mientras me sigan pagando, sigo trabajando. Si encuentro un trabajo mejor, me voy inmediatamente. Poco me importa si la empresa va bien o mal. Al fin y al cabo, no es mía”.

”¿Qué te pasa?” Le pregunté un día a Mariko. “Te noto un poco preocupada”.

”Es que en la tienda donde trabajo a tiempo parcial después de la Universidad vienen pocos clientes. “Taihen” (¡Qué problema!). Me dijo.

Lo interesante de esta pequeña anécdota es que su salario, unos 850 yenes por hora (9 dólares aproximadamente al momento en que escribo), ni sube ni baja por la llegada de clientes. En las mismas circunstancias, ¿a cuántas personas usted conoce que estarían preocupadas por no tener muchas cosas que hacer? Aquí está la diferencia: en Japón, los empleados se sienten conectados a la compañía donde laboran con un nivel muy alto de responsabilidad y lealtad.

(+) ”Nosotros” va delante de “Yo”

El más grande secreto y base del éxito empresarial japonés no es su avance tecnológico, como muchas personas piensan (Alemania, Estados Unidos y otros países también lo tienen), sino el haber creado en sus ciudadanos la idea y sentimiento de tener que moverse al unísono en el trabajo. Ellos ponen con frecuencia detrás el “yo” y la secuela de egoísmos que esta palabra generalmente trae para dar prioridad al “nosotros”, creando así la sinergia que permite el desarrollo colectivo. Observe la empresa en la que usted trabaja. Es casi seguro que encontrará muchos ejemplos de empleados que no están empujando como grupo, sino tirando cada quien por y para su lado a nivel individual.

Siempre me gusta ilustrar la idea del trabajo en grupo de los japoneses con el ejemplo que vi un día cuando unos empleados estaban plantando un árbol: un empleado llevaba el árbol que se iba a plantar, otro tenía la pala, otro una regadera, el jefe tenía una pequeña estaca y la secretaria tenía una cámara para tomar la foto del recuerdo. En ese momento, me puse a pensar que hubiese pasado en otros países que conozco. Seguramente el jefe le hubiera dicho a Hugo (nombre hipotético) que hiciese ese trabajo y este lo habría hecho no sin antes pensar dentro de sí lo siguiente sobre su jefe: “¿Quién piensa este pendejo que yo soy?, ¿el más feo? ¿Por qué me manda a mí y no a Pablo, José o Manuel, que siempre están por ahí sin hacer nada?” Esta decisión del jefe solo sirvió para añadir una gota más de veneno a la relación entre él y su empleado, relación que ya de por sí parecía estar envenenada.

(+) Responsabilidad social alta

La responsabilidad social que deberían tener las empresas para con la sociedad de la cual se nutren es algo relativamente nuevo. En términos prácticos hablaríamos de unas tres décadas, en mi opinión. En Japón, sin embargo, esta idea podría casi triplicar ese tiempo. Y si tomamos en cuenta el pensamiento grupal que prevalece en ese país, es probable que siempre haya existido. La sociedad es la persona y la persona es la sociedad. En la medida en que la sociedad mejora, todos mejoran. Bajo esa filosofía trabajan los japoneses frecuentemente. A eso, hay que añadir su compromiso con la calidad: cualquier producto japonés sobrepasa los estándares mínimos de calidad y, en materia de servicio, probablemente sean los mejores del mundo.

(+) Hacen del trabajo una forma de diversión con cada meta obtenida

Mundialmente existe la percepción de que los japoneses están siempre trabajando. Eso no está lejos de la realidad. Si recibimos dinero por trabajar, quiere decir que el trabajo no es algo muy fácil de hacer. Entonces, lo realmente interesante en este caso es preguntarse cómo pueden ellos trabajar tan maratónicamente. La respuesta podría ser el placer sentido con cada tarea de trabajo realizada.

Aspectos negativos del trabajo en Japón

(-) Obsesiva búsqueda de la perfección

Los japoneses son perfeccionistas y le dan gran importancia al cambio. Para ellos, hay que estar constantemente buscando algo nuevo, pues ven desarrollo en cada cambio. Los productos, por ejemplo, “cambian” constantemente y ellos enfatizan el cambio en la publicidad: “¡Nueva cerveza!, ¡nuevo pastel en la cafetería! Y así sucesivamente. Al principio, esta idea es buena y si no aparece entre los aspectos positivos es porque gradualmente se vuelve obsesiva. El estrés que crea la obligación de tener que mejorar, tener todo correcto y perfecto lleva al suicidio a decenas de miles de japoneses cada año. Pero es solo la punta del iceberg: hay millones de trabajadores que necesitan medicina o alcohol para poder dormir y muchos millones más de jubilados en la misma situación.

Tomándome un café en una cafetería dentro de unos grandes almacenes, observaba cómo trabajaba una dependienta japonesa en una tienda. La chica no estaba fija ni un segundo: cambiaba la ropa de posición, la combinación de las faldas y blusas y otras cosas más hasta que llegara algún cliente. Era algo así como: ”Si no tienes realmente nada que hacer, tienes que inventártelo”. En Toledo, España, en una tienda, me encontré con un caso opuesto al anterior. Vi a toda una familia, desde el abuelo hasta el nieto, trabajando en el mismo lugar. Nadie se movía, todos estaban charlando conmigo hasta que llegó un nuevo cliente y durante todo ese tiempo nos reímos mucho. No llevan una vida tan moderna como el dueño de aquella tienda japonesa, pero tal vez sean más felices. Si usted pule demasiado en búsqueda de brillo, al final termina desgastando la cosa pulida. Es que, en un mundo limitado, tratar de vivir sin limitaciones crea muchos dolores de cabeza.

(-) Falta de flexibilidad

Recuerdo un viernes por la noche cuando salía de un restaurante. Al frente del lugar, había un trabajador japonés, vestido impecablemente, golpeando ligeramente con su cabeza un poste de luz. Él estaba borracho, pero la razón de su acción no eran las múltiples cervezas que pudo haber tomado esa noche, sino algún error cometido. La búsqueda de la perfección obsesiva que mencionamos antes deja poco espacio para la flexibilidad en cuanto a los errores por la competitividad.

Mientras en otros países se trabaja por un periodo de tiempo establecido (“Ya son las seis de la tarde, termino mi trabajo por hoy. Me voy, hasta mañana, chicos”.), los japoneses trabajan por tareas hechas: no has terminado lo que tienes que hacer ni tus compañeros tampoco, pues no regresas a tu casa. Eso explica las largas horas de trabajos extras que los japoneses hacen diariamente. Camine a las ocho y hasta nueve de la noche y verá aún las luces encendidas de las oficinas en los edificios. Estamos hablando de más de 10 horas de trabajo al día sin contar las horas de desplazamiento al lugar de trabajo. En África usted puede morir de hambre; en Latinoamérica usted puede morir por falta de dinero para comprar medicinas o por un atraco, pero en ningún caso será por exceso de trabajo. En Japón, por el contrario, el karoshi (muerte por exceso de trabajo) mató a más de 2000 personas en el año 2015. Un caso de gran resonancia fue el de una joven de 24 años que llegó a trabajar hasta 105 horas extras en el mes anterior a su suicidio. Muchos otros casos no salen a la luz pública y se resuelven con millones de yenes ofrecidos a la familia como compensación. En otros casos, el estrés se vuelve casi insoportable. Entonces, los empleados trabajan pensando que al llegar la noche van a beber alcohol como locos, y beben alcohol como locos esa noche pensando que mañana tendrán que trabajar de la misma forma.

(-) Fuera del trabajo, pocas expectativas

Si usted participa en una fiesta de empleados japoneses, notará como hay mucha comida, mucho alcohol y después de comer y beber, mucha conversación sobre… el trabajo. Mientras muchas personas en otros países buscan separar la vida laboral de la vida familiar, en Japón solo hay una vida: el trabajo. Las horas dedicadas a trabajar sobrepasan las de la familia y el descanso. El traslado de empleados a otras ciudades es frecuente y la familia no va con el padre. Los padres pasan poco tiempo con sus hijos y en las últimas décadas en muchos casos ya ni siquiera llegan a tenerlos: son sustituidos por perros o gatos.

Japón es un país con una sociedad envejeciente. Contrario a otros países, la aceptación de inmigrantes es muy reducida y las familias sin niños van cada año en aumento. Hoy, el índice de desempleo es bajo y la situación económica es estable. Sin embargo, de no realizar cambios en la vida laboral, en un par de décadas, el país sufrirá las consecuencias de la carestía de mano de obra, el desequilibrio o ruptura familiar y el gran problema de familias unipersonales aun nivel tan peligroso que prefiero no pronosticarlo.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

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Curiosidades: ¿cuántos galones (litros) de agua puede beber un camello de una vez?

20 julio, 2017

Por Eddy Montilla.

Con los avances tecnológicos (en cuanto a la forma de almacenamiento de alimentos) y la globalización comercial hoy se puede prácticamente comer cualquier fruta en cualquier tiempo del año. Pero en mi caso, cuando era niño solo podía comer manzanas en los meses de invierno. En ese momento, trataba de comer tantas como pudiera, pues me gustan mucho y sabía que pasaría largo tiempo sin verlas. Sea que yo me parezca a los camellos o los camellos se parezcan a mí, lo cierto es que estamos en situación similar en ese aspecto, pues estos animales viven en áreas desérticas y en el desierto, lo que menos abunda es el agua. Por esa razón, cuando aparece hay que tomar la mayor cantidad que se pueda. Eso es exactamente lo que hacen los camellos cuando beben 30 galones de agua (135 litros, tomando como unidad el galón inglés) en menos de 15 minutos.

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