Hablemos de cine: El sentido de un final (2017) es el principio de tus propios recuerdos

10 abril, 2018

Por Eddy Montilla.

Calificación: 6.4/10

Director: Ritesh Batra

Guión: Nick Payne

Título original: The Sense of an Ending (2017) (inglés)

Género: drama

MPAA: PG-13 (Se recomienda precaución por parte de los padres. Algunos materiales pueden resultar inapropiados para chicos menores de 13 años.)

Reparto principal: Jim Broadbent (como Tony Webster), Harriet Walter (como Margaret), Michelle Dockery (como Susie), Charlotte Rampling (como Veronica Ford), Billy Howle (como Tony cuando joven)…

Duración: 108 minutos

Si usted es una persona de mediana edad, le recomiendo ver El sentido de un final (2017) porque esta película probablemente es un reflejo de usted mismo. Y si eres un joven, también te la recomiendo porque la trama del filme es como el lugar a donde tú indefectiblemente irás algún día cuando pasen los años. A raíz de estos elogios, una mente intuitiva fácilmente pudo notar la disparidad entre mi recomendación y la puntuación dada (6.4). Y es que, ¿puede esta película ser parte de “mi colección” o una de las favoritas de todos los tiempos? Sin duda que no. ¿Hicieron los actores un trabajo genial que la convierta en algo increíble? No. Y aun así, El Sentido de un Final tiene la magia de hacer que el corazón del espectador se envuelva en su pasado en forma muy especial. ¿Por qué?

Lo más probable es que la persona con quien usted está actualmente casada no sea la persona a quien más amó. ¿Y sabe por qué la mayoría de la gente se casa a pesar de esa situación? Porque después de un fracaso, sentimos la necesidad de recibir o tener algo para compensar nuestra pérdida. Es ese sentimiento lo que empuja a mucha gente a buscar un novio-a o a casarse lo más pronto posible después de algún desengaño y es ese sentimiento también el responsable de muchos divorcios. Tony Webster (Jim Broadbent) pertenecía a este grupo, pero al mismo tiempo, él era lo suficientemente inteligente como para mantener una buena relación con su ex exposa, Margaret (Harriet Walter). Ahora retirado y rigiendo una pequeña tienda de cámaras fotográficas antiguas que le hacía recordar la primera vez que vio a Veronica Ford (Charlotte Rampling), su primer y verdadero amor, Tony trataba de poner en orden su pasado.

Cuando se es viejo, nuestros pensamientos tienden a ir al pasado, primero para recordar los buenos momentos vividos y luego para tratar de rectificar los errores cometidos aunque solo sea en nuestra memoria. En El sentido de un final (2017), una película basada en la novela escrita por el británico Julian Barnes, era exactamente eso lo que Tony trataba de hacer y… lo que tú tratarás de hacer también cuando te llegue ese tiempo. La forma de tratar la trama que es una especie de realidad que a todos nosotros nos toca vivir es lo que hace de este filme algo bueno.

Finalmente, les recomiendo ver con atención uno de los momentos más impactantes del filme, cuando Tony, después de saber que su mejor amigo ha decidido casarse con Verónica, le escribe una carta a ambos que termina convirtiéndose en una maldición, pero no en la forma que el deseaba, sino en algo que les hará pensar algo así: “La vida es a veces tan misteriosa que da miedo”.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

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Hablemos de cine: El gran showman (2017) es buena sin llegar a ser grande

24 febrero, 2018

Por Eddy Montilla.

Calificación: 7.0/10

Director: Michael Gracey

Guión: Jenny Bicks, Bill Condon

Título original: The Greatest Showman (2017) (inglés)

Género: musical

MPAA PG: (Algunos materiales pueden ser inapropiados para los niños. Se recomienda a los padres dar orientación a sus hijos. La película puede contener materiales que a los padres no les gustaría que sus hijos vieran).

Reparto principal: Hugh Jackman (como P.T. Barnum), Michelle Williams (como Charity Barnum), Zendaya (como Anne Wheeler), Zac Efron (como Phillip Carlyle), Rebecca Ferguson (como Jenny Lind)…

Duración: 105 minutos

Quien les escribe ha tenido la suerte, el privilegio y también la oportunidad de ver miles de películas, películas que a través de los años las he definido y catalogado metafóricamente en diferentes formas: solo muy pocas han sido exquisiteces para el espíritu, manjares capaces de deleitar a los más exigentes paladares. Algunas han sido bastante buenas como para ganarse el mérito de ser recordadas. La mayoría puede definirse como entretenedoras u obreros asalariados. El resto es aceite de ricino o de castor, usado en el pasado como laxante.

Con el paso del tiempo, ver tantas películas pone a uno en una posición que, salvo honrosas excepciones, solo se necesitan unos minutos de un filme para saber hacia dónde se dirige la trama. Así que cuando la cámara en El gran showman (2017) parecía obsesionada con que viéramos los zapatos rotos de Hugh Jackman (P.T. Barnum), cuando los primeros minutos de la película giraban en torno a sus desgracias y vicisitudes (muy joven en frente de su padre muerto, mendigando y robando comida, etc.) para luego presentárnoslo con una sarta de éxitos interminables, me imagino que hasta un niño de cinco años que empieza a cambiar los dientes les puede decir el resto del filme: nuestro querido Hugh Jackman se hundirá como probablemente también harán muchas compañías con la crisis económica mundial que nos acecha esperando su oportunidad para darnos un zarpazo. ¿Y luego? Luego él renacerá de las cenizas igual que el ave Fénix y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

En un musical se espera siempre que haya excelentes canciones y buenos bailarines. En ese aspecto, El gran showman (2017) no los defraudará después de ver el filme y, sobre todo, después de escuchar la maravillosa voz de Loren Allred, la artista detrás del escenario que realmente cantó las canciones de Jenny Lind, aunque el papel de esta última haya sido interpretado por la bellísima actriz Rebecca Ferguson o de escuchar la canción “Esta soy yo” (This is Me) por Keala Settle. Y es precisamente este aspecto, es decir, el desequilibrio entre la calidad de la música y la debilidad de la trama lo que no permite a El gran Showman (2017) colocarse al lado de los grandes filmes de su género, tales como El mago de Oz (1939), Cantando bajo la lluvia (1952), El Sonido de la Música o Sonrisas y lágrimas (en España) (1965), Chicago (2002) y Los Miserables (2012) y La la land (2016), mencionados todos en orden cronológico.

Aunque es cierto que El gran showman (2017) perdió una gran oportunidad de convertirse en uno de los grandes musicales de todos los tiempos, eso no resta méritos para decirle que usted pasará un buen momento con el filme. Hugh Jackman (P.T. Barnum) hizo su buen trabajo, como siempre, y también hizo así Rebecca Ferguson (Jenny Lind), con la gran diferencia de que ella se ve… ¡más bella que siempre! Mi último encomio va para Zendaya (Anne Wheeler). Esta chicha realmente merece una mención especial por su actuación como trapecista y cantante. Finalmente, les recomiendo no perder de vista la última escena cuando Hugh Jackman decide pasarle “el cetro” de maestro de ceremonias a Zac Efron (Phillip Carlyle) para dedicar más tiempo a su familia. La forma de transporte que utiliza para ir a la actuación de ballet de su hija es probablemente la parte más inesperada de la película. Disfrútenla.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

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Hablemos de cine: Un don excepcional (2017) es excepcionalmente buena

10 diciembre, 2017

Por Eddy Montilla.

Calificación: 8.6/10

Director: Marc Webb

Guión: Tom Flynn

Título original: Gifted (2017) (inglés)

Género: drama

MPAA PG-13 (Algunas escenas pueden ser inapropiadas para menores de 13 años. Se recomienda a los padres tener precaución).

Reparto principal: Mckenna Grace (como Mary Adler), Chris Evans (como Frank Adler), Lindsay Duncan (como Evelyn Adler) y Octavia Spencer (como Roberta Taylor)

Duración: 101 minutos

Luego de ver Un don excepcional (2017), reflexioné más sobre la vida misma que sobre el filme: “la fuerza de la costumbre”, pensé. Parece que últimamente, muchos críticos y el público que va al cine se han acostumbrado a ver tantas porquerías e idioteces que gradualmente han perdido la capacidad de diferenciar entre lo bueno y lo malo. Pienso que Un don excepcional (2017) puede ayudarles a entender la diferencia. Una bella melodía penetra poco a poco por nuestros oídos y nos hace sentir alegres y en paz. Una destentada niña de 7 años empieza una conversación aguda con su tío y tutor a la vez con un humor tan fino que uno empieza a dudar si se está en frente de un drama o de una de esas comedias geniales de Woody Allen como Annie Hall (1977). El resto es historia, pues ya sabemos que el filme es un manjar para ser degustado en 101 minutos.

Esta película fue hecha a puntadas tomando en cuenta todos los elementos básicos de un buen filme: buena selección de actores que se acoplan perfectamente a su papel y buenas escenas que hablan por sí mismas. Mckenna Grace (Mary Adler), Chris Evans (Frank Adler) y Lindsay Duncan (Evelyn Adler) hicieron un buen trabajo y Octavia Spencer (Roberta Taylor) se crece en cada película que hace. En cuanto a las escenas, las siluetas dibujadas (1) de Frank y Mary con el fondo de la puesta del sol (2) mientras Mary jugaba a escalar el cuerpo de su tío Frank, discutiendo ambos sobre la existencia de Dios (3) dan buenas pautas a los directores nóveles sobre cómo se pueden usar los clichés en forma creativa a través de la fusión de estos en una misma escena. Así fue como Marck Webb creó una imagen realmente tierna y humana. Algo similar se ve cuando están ambos juntos en la playa bajo la bella música de Cat Stevens. Ambas escenas, en mi opinión, reflejan la calidad de la película en términos de imágenes.

Pero sin duda lo que acopla las ideas anteriores para garantizar la calidad del filme en sentido general es el tema. Sobre prodigios se han hecho muchas películas, siendo Una mente maravillosa (2001) su mejor exponente. Un don excepcional (2017) no se centra en la dificultad de adaptación de Mary Adler como niña genio, sino en la búsqueda del balance de vida por parte de su tío Frank para ella luego de la mala experiencia que tuvo su hermana (madre de Mary) y a pesar de las desavenencias con su madre (Lindsay Duncan como Evelyn Adler).

Buena ejecución y balance conducen a una buena película sin necesidad de abultados presupuestos ni de los mejores actores. Un don excepcional (2017) es un buen ejemplo de ello. Y en tiempos en los que en la predilección y selección de las películas por parte del público lo que dominan son las explosiones, seres extraterrestres idiotas y malignos, las estupideces, sandeces y otros familiares, me pregunto si usted se convertirá en una excepción y verá Un don excepcional (2017).

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

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Hablemos de cine: La Guerra del Planeta de los Simios (2017) ya no aguanta otra guerra

12 noviembre, 2017

Por Eddy Montilla

Calificación: 6.8/10

Director: Matt Reeves

Guión: Mark Bomback y Matt Reeves

Título original: War for the Planet of the apes (2017) (inglés)

Género: acción, aventura y ciencia ficción

MPAA PG-13 (Algunas escenas pueden ser inapropiadas para menores de 13 años. Se recomienda a los padres tener precaución).

Reparto principal: Andy Serkis (como César), Woody Harrelson (como Coronel), Karin Konoval (como Maurice), Steve Zahn (como simio malo) y Amiah Miller (como Nova)

Duración: 140 minutos

Si mi memoria no me falla, creo que es la segunda vez en menos de un mes que un lector me escribe para decirme que mi evaluación para una película es mucho más baja que la de otros críticos de cine. Me imagino que la razón se debe al hecho de que con el paso de los años la gente toma uno de dos caminos posibles: actúa con mucha lenidad o se vuelve gruñón. En materia de cine, por lo menos a mí me parece que es mejor tomar el segundo camino que excederse en indulgencia. Por eso, con nuestros ojos gruñones lo que vimos en La Guerra del Planeta de los Simios (2017) fue que de tanto extender la trama (vamos por el tercer filme) ya no hay dónde buscar algo nuevo, dónde afilar y la película se va quedando bota.

Pero para no ser llamado gruñón tres veces, empiezo alabando la forma como fueron usados los efectos especiales en el filme: tan naturalmente, sobre todo en la representación de la jungla que parece que nunca estuvieron presentes. En tiempos actuales cuando los directores compensan su ineficiencia para trabajar con la naturalidad haciendo uso de un diluvio de efectos, encontrar mesura en ese aspecto o una forma de hacerlos ver más natural merece indudablemente elogios. Me quito el sombrero ante Matt Reeves. Otro aspecto importante es el contraste entre su título y el centro de la trama: en realidad, la película, aunque tiene algunos momentos de acción, no hilvana en sus 140 minutos escenas bélicas entre simios y humanos porque la guerra era realmente emocional: César (Andy Serkis) buscando paz y futuro para su grupo mientras lidia con sentimientos de venganza por la muerte de sus seres queridos o el Coronel (Woody Harrelson), sin poder deshacerse del lastre del recuerdo después de lo que hizo con su hijo.

El Simio Malo (Steve Zahn) trae alegría singular en cada una de sus expresiones. Además, la relación entre los simios con Nova (Amiah Miller), la pequeña niña infectada por el virus que le impedía hablar, mostraba genialmente “el lado humano” de los simios que nos hace a nosotros, los humanos, parecer animales. Sobre César, no es necesario hablar mucho. Es muy fácil actuar cuando se está detrás de un disfraz, pero hacerlo bien es solo para los grandes. Lo que hizo Andy Serkis con la expresión de su rostro es como para chuparse los dedos después de tener en las manos un buen pollo frito. Si César fue grande en Roma, este César también fue grande aunque sea en la jungla.

Entonces, ¿por qué esa puntuación tan baja? Ya lo he dicho en el primer párrafo: me estoy volviendo gruñón y un gruñón no puede evaluar muy alto una trama con un final predeterminado, una trama en la que César parece un Moisés al final de la película que no puede entrar en la Tierra Prometida de los Simios. Si usted es un buen observador, notará que estos son los puntos clave del filme y en todos ellos solo hay una cosa: repetición.

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Hablemos de cine: La Mujer Maravilla (2017) entretiene sin ser la gran maravilla

10 septiembre, 2017

Por Eddy Montilla

Calificación: 6.4/10

Director: Patty Jenkins

Guión: Allan Heinberg, Zack Snyder y Jason Fuchs

Título original: Wonder Woman (2017) (inglés)

Género: acción, aventura y ciencia ficción

MPAA PG-13 (Algunas escenas pueden ser inapropiadas para menores de 13 años. Se recomienda a los padres tener precaución).

Reparto principal: Gal Gadot (como Diana) y Chris Pine (como Steve Trevor)

Duración: 141 minutos

En política y economía la historia podrá repetirse como tragedia o como comedia, pero en Hollywood se repite como negocio. No es extraño, pues, que en los últimos años hayan aflorado los filmes sobre superhéroes hasta casi llegar al cansancio por saturación. Si le preguntas a una persona mayor si leyó los cómics o vio la serie televisiva de la Mujer Maravilla en los años 70 con la beldad Lynda Carter (Diana, la Mujer Maravilla) y Lyle Waggoner (como Steve Trevor), es muy probable que te diga que sí porque, al igual que otros de su generación, todos se entretenían mucho con ello.

Lo que resulta interesante preguntarse ahora es por qué las películas modernas de superhéroes no calan tanto en la mente de aquellos que vieron las series televisivas. La respuesta es que aquellos superhéroes estaban, humanamente hablando, más cerca de nosotros y sus acciones podían “ser digeridas mentalmente” en forma más fácil, contrario a los superhéroes de las películas modernas que rompen el mundo en mil pedazos como un rompecabezas y lo vuelven a construir en fracciones de segundos. Me imagino que es por eso que nos gustó Gal Gadot (Diana) en la Mujer Maravilla (2017), pues saliendo de la isla amazónica de Themyscira, va a tratar de salvar el mundo con tan solo una espada, un escudo, sus brazaletes y su clásico lazo de la verdad en la Primera Guerra Mundial.

En un mundo de superhéroes masculinos, la presencia de una mujer hace que la película se venda como pan salido del horno y, no me refiero solo para los hombres que se deleitan con Diana, sino también para muchas mujeres que van a verla como su representante. El trabajo de Gal Gadot (Diana) no es malo y si no podemos agregar elogios a su actuación es sencillamente porque la trama es demasiado floja y merma su trabajo. Lo mismo podemos decir de Chris Pine (Steve Trevor). Eso se puede ver al final de la película cuando Trevor le dice a Diana que esta vez le toca a él sacrificarse para salvar el mundo. Lo primero que le llega a uno a la cabeza es el Armageddon (1998) de Bruce Willis. Con finales así, es difícil que un actor pueda realizar una buena labor y mucho más difícil para un escritor darle el crédito que realmente se merece un actor. De todas formas, hay momentos divertidos, especialmente en lo relacionado a cómo Diana descubre la interacción entre los hombres y mujeres. En resumen, la Mujer Maravilla (2017) no entra dentro del grupo de películas que considero “obligatoria verlas” aunque tampoco cae dentro de la categoría de mediocre.

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Hablemos de cine: Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge (2016) peleó y ganó su propia guerra para ser única en su género

22 julio, 2017

Por Eddy Montilla

Calificación: 8.3/10

Director: Mel Gibson.

Guión: Andrew Knight y Robert Schenkkan.

Título original: Hacksaw Ridge (2016) (inglés)

Género: guerra.

MPAA R (Menores de 17 años requieren el acompañamiento de sus padres o de un tutor adulto. La película contiene material exclusivo para adultos. Se recomienda a los padres investigar sobre la película primero).

Reparto principal: Andrew Garfield (como Desmond T. Doss), Hugo Weaving (como Tom Doss), Vince Vaughn (como Sergeant Howell), Sam Worthington (como Captain Glover), Matthew Nable (como el teniente Cooney)…

Duración: 139 minutos.

La mayoría de las películas de guerra que aparecen cada año son como los rollos de papel higiénico: importantes, pero de dudoso valor. Entre las honradas excepciones de filmes de guerra realmente buenos que vienen a mi mente en estos momentos, les puedo citar Sin novedad en el frente (1930), El puente sobre el río Kwai (1957), La lista de Schindler (1993), Salvar al soldado Ryan (1998) y Cartas desde Iwo Jima (2006). Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge 2016) está peleando y ganando su propia guerra para formar parte de esta gran lista gracias a la maestría con que su director, Mel Gibson, trató dos enfoques sobre la guerra que habían sido muy poco explotados.

Primero: en la somnífera era de héroes omnipotentes, machos cabríos y protagonistas de películas con una inagotable fortaleza física, el héroe en este caso es presentado en el polo opuesto. Desmond Doss (Andrew Garfield) es un objetor de consciencia, es decir, una persona que se rehúsa a hacer el servicio militar dirigido a la contienda bélica por razones morales y religiosas. Su débil complexión (comparada con la de otros compañeros) y su tajante decisión de servir en la guerra sin usar rifle, disparar ni matar al enemigo lo convierten en el perfecto blanco para ser el primer muerto en la guerra. Doss, prueba a lo largo del filme ser el más valiente de su unidad al pasar toda la noche salvando la vida de combatientes norteamericanos y hasta la de algunos soldados japoneses gracias una increíble determinación y fuerza de voluntad producto de su fe. Su casi marca registrada: “Dame uno más, Señor, uno más”. “Uno más, “uno más” durante el momento más crítico de la película hace estremecer hasta aquellos que se ufanan de tener un corazón impertérrito.

Segundo: muchos directores han puesto al desnudo los sentimientos de los soldados en el campo de batalla y han mostrado cómo usan sus convicciones religiosas como fuente de fuerzas para paradójicamente “matar al enemigo”. También hay muchas películas con pacifistas que buscan soluciones al conflicto bélico desde la comodidad de una oficina y lejos del campo de batalla. Pero en Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge (2016), usted se encontrará con algo completamente diferente: verá a Doss, un hombre cuya integridad lo ata a la idea de tener que servir a su patria en la Primera Guerra Mundial en Okinawa, pero cuya fe religiosa lo obliga al mismo tiempo a no violar el principio o mandamiento de no matar. Desmond Doss tiene que buscar la forma de que ambas situaciones coexistan armónicamente y todo eso, no dentro de una iglesia, sino entre balas y lanzallamas.

Salvo las excesivas e innecesarias escenas sangrientas, demasiado fuertes para un espectador aprensivo, y las últimas tomas donde aparece Doss descendiendo de la cresta como un simple mortal herido y luego aparece en la siguiente toma ascendiendo al cielo como un ángel, hay que quitarse el sombrero en señal de respeto para Mel Gibson por su obra de arte. En cuanto a Andrew Garfield (Desmond Doss), su actuación es tan buena que hasta los adjetivos clásicos que se usan para elogiar en ocasiones como estas quedan cortos. Sin duda, una gran película llena de emociones que le hará mantener la boca abierta por casi dos horas.

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Hablemos de cine: Luz de Luna (Moonlight 2016) brilla tanto como el Sol

9 abril, 2017

Por Eddy Montilla

Calificación: 8.4/10

Dirección: Barry Jenkins (III).

Guión: Barry Jenkins (III) y Tarell Alvin McCraney.

Título original: Moonlight (2016) (inglés).

Género: drama.

Clasificación MPAA: R (Adolescentes menores de 17 años deben ir acompañados de sus padres o un tutor. Posible contenido de violencia, sexo, droga, abuso, lenguaje inapropiado, etc.).

Reparto principal: Mahershala Ali (Juan), Ashton Sanders (como Chiron adolescente), Trevante Rhodes (como Chiron adulto), André Holland (como Kevin adulto), Naomie Harris (como Paula)…

Duración: 111 minutos.

Hay películas que uno apenas las empieza a ver y ya quiere salir del cine; hay otras que uno las termina de ver y les gusta. Hay algunas que son buenas y las recordamos de vez en cuando y otras, como Luz de Luna (Moonlight 2016), que no podemos sacárnoslas de la cabeza.

La cinematografía norteamericana está requetellena de filmes de drogas, padres adictos y acoso escolar. Si fuera solo por la presentación de esos temas, Luz de Luna sería simplemente una más entre un montón de las que ya existen y otro montón de las que en el futuro sin duda vendrán. Entonces, ¿por qué este filme es tan diferente y bueno?

La respuesta es la belleza y perfecto hilvanado de los sucesos en la trama: Little (Alex Hibbert) tratando de buscar una explicación al porqué sus padres están separados familiarmente y, sin embargo, envueltos y juntos paradójicamente en el mundo de las drogas. Chiron (Ashton Sanders), el adolescente, peleando contra sus demonios mentales, los cuales le han hecho perder el camino sobre su orientación sexual y finalmente, su increíble transformación física en Chiron el adulto (Trevante Rhodes) para disfrazar su continua debilidad espiritual, algo que solo puede descubrirse justo al final de la película.

Si la actuación de Mahershala Ali (Juan) fue realmente buena, vea con más atención el momento cuando Chiron, después de ser acribillado a golpes en la escuela, en vez de presentar cargos contra su amigo y, sobre todo, contra Patrick Decile (Terrel), el matón del colegio que constantemente lo agredía, decide él mismo arreglar el asunto. Observe la parsimonia y al mismo tiempo firmeza con la que entra en la clase, sus pasos, su rostro y el bello silletazo (cinematográficamente hablando) contra Terrel.

Aquí termino todo, porque sobre las buenas películas no hay que hablar mucho, simplemente hay que verlas. Y punto. Luz de Luna (Moonlight 2016) es una de ellas, y quizás usted, igual que yo, no podrá sacársela durante cierto tiempo tan fácilmente de la cabeza.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

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