República Dominicana: la desigualdad salarial es el lastre del desarrollo del país

14 mayo, 2018

Por Eddy Montilla.

“Gato Gordo” es un término que se utiliza para indicar la gran diferencia de salario que hay entre los ejecutivos de las empresas y los demás empleados. En la actualidad existe el día del Gato Gordo, con el que se quiere crear conciencia sobre este gran problema de carácter mundial. El día del Gato Gordo representa la fecha en la que los directivos de las compañías ya han recibido más dinero que el salario de todo un año de un empleado normal. En el Reino Unido, esa injusticia social y económica sucedió a solo tres días laborables de haber empezado el año, es decir, el 4 de enero. En materia de desigualdad salarial y, sin querer caer en la exageración o el humorismo coloquial, en República Dominicana no se podría usar el término de gato, sino el de elefante porque aunque el dato del Reino Unido resulta impresionante, la situación de América Latina y el Caribe es en realidad mucho peor.

República Dominicana ostenta el vergonzoso título de ser el país donde hay mayor diferencia de salario entre directivos y empleados en América Latina, seguido muy de cerca por Guatemala, Costa Rica y Perú respectivamente, basado en los datos de la compañía Korn Ferry International, cuya sede central está en California, Estados Unidos, pero con presencia en otros países, como Japón, por ejemplo. El salario de un ejecutivo es 11.5 veces más alto que el de un empleado. Dicho en un lenguaje simple, para usted saber cuánto recibe su jefe, ese que siempre está vestido de traje pese al calor del día, ese que viene tarde, se va temprano y hace el trabajo menos pesado, multiplique su propio salario por 11.5 y obtendrá la sin duda amarga y desalentadora respuesta.

¿A dónde va el país con esa situación? ¿qué estamos ganando con eso? Las respuestas a estas interrogantes me las dio no un economista ilustrado, sino un grupo de jóvenes estudiantes que trabajan en una cafetería en un sector céntrico de la capital un día que entré allí para leer un periódico, comer una rosquilla y tomar un café. Durante los 50 minutos que yo estuve en ese lugar, estos chicos parecían que, en vez de estar trabajando, estaban experimentando con la primera ley de Newton sobre la inercia, pues se mantenían en reposo todo el tiempo sin hacer absolutamente nada. Como la avanzada edad le confiere a uno la posibilidad de hacer algunas preguntas sin recibir reproches, les pregunté la razón de su ocio. “Pero señor, ¿y quién se va a matar trabajando con el salario que aquí nos pagan?” Me respondieron. En su respuesta está gran parte de la pobreza sostenida de América Latina y de la ralentización de nuestro desarrollo económico.

La baja producción de nuestras empresas encuentra su nido en la negativa forma de pensamiento de los dueños y empleados y en los bajos salarios que reciben estos últimos. Los dueños piensan en ganar lo más posible y pagar lo menos posible mientras que sus empleados, por su parte, apenas llegan al mínimo esfuerzo precisamente por su descontento salarial. Dentro de esa tesitura económica, el crecimiento es leve y eso explica por qué no estamos donde realmente deberíamos estar. Suiza, Estados Unidos y Luxemburgo fueron los países con mejor salario para sus empleados el año pasado y no es coincidencia, por tanto, que estén entre los más ricos del mundo. Esa visión tradicional y paleolítica de nuestros empresarios de salarios bajos a sus empleados va realmente en su propio perjuicio. Si un empleado cobra más dinero, tendrá más poder adquisitivo, gastará más y los empresarios obtendrían más ganancias, principio básico de economía, siempre y cuando se mantenga a raya la inflación. La clave es aumentar el salario a los empleados y exigirles, a cambio, una mayor producción.
El método, sin embargo, utilizado por nuestros gobernantes y empresarios para lidiar con el problema de los bajos salarios es algo que durante décadas ha ido desde lo infantil hasta lo absurdo. Cada vez que un sector (médicos, profesores, empleados públicos, etc.) reclama mejoría salarial ya sea quemando neumáticos o haciendo huelgas, recibe una promesa o un aumento que oscila entre el diez y el treinta por ciento. El error está en que esos aumentos no reducen la desigualdad salarial porque en el sector público y privado se les aumentan el salario en porcentajes muy similares tanto a los que ganan salarios de miseria como a los altos ejecutivos, y lo único que se consigue con eso es mantener la misma brecha de disparidad salarial, un incremento de la inflación y nuevas huelgas en el futuro cercano.

La desigualdad salarial solo sirve para que la gente trabaje al mínimo y sin esfuerzo o quiera simplemente emigrar del país. Bajo esas condiciones, para poder sobrevivir aquí hay que ser beisbolista o político. Como no todos nosotros tenemos talento para lo primero, ni estamos dispuestos a subastar conciencias para lo segundo, quedamos a la espera de que el Gobierno y los empresarios trabajen en conjunto para resolver de una vez por todas el problema de los salarios de miseria del trabajador dominicano porque en lo que a “Gatos Gordos” se refiere, ya tenemos muchos y hasta callejeros.

Este artículo fue publicado originariamente en el periódico digital Mundo Y Opinión por Eddy Montilla.

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Luces y sombras de la guerra de Trump y China sobre impuestos

29 abril, 2018

Por Eddy Montilla.

No había empezado bien el año cuando ya el presidente Donald Trump estaba dando inicios a una guerra que sin ser militar ni religiosa podría dejar cicatrices en millones de personas, no en sus cuerpos, pero sí en sus bolsillos: la guerra comercial de aranceles contra China y Europa. Trump ha ordenado gravar las importaciones de una larga lista de productos que llegan a territorio norteamericano de China con nuevos impuestos y, por lo que se percibe, la lista continuará en aumento hasta conseguir unos 100 billones de dólares en impuestos. Y como a los chinos no les tiembla el pulso para tomar decisiones, responden y responderán con igual fuerza. La pregunta importante es cuán bueno o malo es esta guerra comercial creada por las dos mayores potencias económicas del mundo.

Durante muchos años, la economía china ha crecido a un ritmo que casi rompe lo lógico, y si bien ese crecimiento se debe en gran parte al trabajo duro de esa nación, también hay que añadir dos aspectos sin méritos ni honestidad: la forma poco ética como el gobierno chino ha jugado tradicionalmente con el valor de su moneda, devaluando en forma irreal el yuan para ganar más ventajas en las transacciones comerciales y los aluviones de productos que entran en Estados Unidos sin pago justo de impuestos.

Basado en las frecuentes declaraciones que hace, sobre todo a través de su cuenta de Twitter, se puede deducir que el presidente Donald Trump sabe muy poco sobre el arte de la política y casi nada sobre diplomacia. Pero también seamos justos: ese señor sabe sobre negocios y cómo ganar dinero. De lo contrario, no tendría los millones que tiene. Así que cuando Trump, desde antes de ser presidente en plena campaña atacaba los acuerdos comerciales con China en los que este último se lleva siempre las mayores ganancias debido en gran parte a los bajos impuestos, el presidente señalaba una realidad que otros presidentes no quisieron enfrentar. Esa guerra comercial entre Estados Unidos y China a la que muchos economistas temen y sobre la que el Fondo Monetario Internacional (FMI) a través de su directora gerente, Christine Lagarde, ha advertido por sus impactos negativos en el crecimiento de la economía mundial y en la economía de los consumidores, también podría arrojar algo de luz a la oscura manera como se maneja el mundo económico hoy en día. Para Lagarde es una situación en la que pierden todos. Sin embargo, nosotros pensamos que también es una situación en la que se crea conciencia de un problema que nos afecta a todos.

Si por años China se ha aprovechado del desequilibrio comercial internacional, obteniendo los mayores beneficios, la culpa no es de ese país, sino de los consumidores internacionales que compran productos chinos de dudosa calidad, pero a precios muy bajos en detrimento de las industrias de sus respectivos países. Si las empresas nacionales de muchos países han perdido ganancias con respecto a los productos chinos, la culpa es de estas mismas por vender sus productos a precios sobrevalorados e irse a países como China misma para abaratar costos de producción y aumentar ganancias en vez de fomentar el empleo entre los nacionales.

Como no todas las empresas podrán absorber los impuestos que tanto el gobierno norteamericano como el chino piensan imponer, los productos indudablemente subirán de precio. Tal vez ese sea el sacrificio a pagar para que los consumidores dejen de pensar en forma individualista y protejan en forma colectiva a sus respectivos países. Y cuando estos empiecen a protestar por los altos precios de los productos y a cambiar de gobierno en las elecciones, nuestros líderes tal vez por fin entenderán de que ya es hora de tener un nuevo orden económico mundial y un comercio más justo.

Este artículo fue publicado originariamente en el periódico digital Mundo Y Opinión por Eddy Montilla.

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Foto: cortesía de Daniel Ramírez bajo los criterios de Creative Commons (Flickr, 29-4-2018).


Las ideas de Jesús (4): sobre el amor

16 abril, 2018

Por Eddy Montilla.

Jesus

Las tres cosas que más influencia tienen sobre el ser humano son el amor, el dinero y el poder. Por eso pasamos la mayor parte de nuestra vida en la búsqueda directa o indirecta de todas o al menos una de las tres. En cuanto al pensamiento y legado de Jesús sobre el amor, pienso que este simple, pero eficaz y práctico ejercicio le dará las claves para poder entenderlo: trate de comunicarse con ese señor por cualquier método que usted tenga disponible (su teléfono inteligente, llámelo, ore y dígale que le hable). Después de 10 minutos, 10 meses o 10 años haciendo eso, el resultado será el mismo: nadie le habrá respondido. ¿Qué significa esto, entonces? ¿qué Dios ni Jesús existen? No, sino que la forma de comunicarse con nosotros hoy en día es diferente, pues se hace a través de las acciones que envuelven a otras personas y son precisamente las otras personas y nuestra relación con ellas las que nos enseñan la forma como Jesús ve el amor.

Si casi todo lo que hacemos es por amor (visto en todas sus acepciones, buenas y malas: por amor a la familia, al placer, al país, etc.), entonces, desde nuestros aciertos hasta nuestros errores, casi todo lo que hacemos tiene su origen en el mismo hecho, el amor. Eso implica que entender claramente lo que esta palabra significa es la base real sobre la cual podemos crecer, vivir mejor y más felices en la vida. Pero, ¿qué es el amor? y ¿a quién debo amar? ¿cuáles son sus límites? Las respuestas a estas y similares interrogantes no las dio Jesús hace más de dos mil años y el no entenderlas ha sido la razón de que hoy vivamos igual o peor que hace dos mil años a excepción de los avances tecnológicos.

Mientras la gente tiende a complicarse la vida, Jesús la simplifica. Por eso condensó una Biblia (Antiguo Testamento) llena de reglas que a veces se armonizaban y a veces parecían contradecirse en solo dos ideas: amar a Dios y amar a todo el mundo sin distinciones. Amar se explica con solo tres palabras: hacer el bien. Los problemas que amenazan con llevar el mundo a la autodestrucción son a consecuencia de nuestra estrechez mental sobre el concepto de amor, una estrechez que va desde una persona normal en la calle hasta nuestros líderes. La gente quiere amar a aquellos con los que compagina, cerrando automáticamente las puertas a los demás a quienes considera y trata como extraños. Eso explica las desigualdades sociales y económicas de hoy en día, puesto que la ausencia de amor hacia los otros conduce a querer aprovecharse de ellos. “Ama a las otras personas como a ti mismo.” Dijo Jesús, ya que así la alegría de millones de personas será también tu inmensa alegría y la tristeza de otros millones no será tu tristeza, sino una razón por la cual luchar en la vida: hacer que el llanto y sufrimiento de los demás se convierta en sonrisa. Ya no habrá más preguntas como estas: ¿para qué estoy vivo? ¿para qué nací? ¿qué voy hacer con mi vida?

Observe cómo la mayoría de nuestros problemas vienen por las distinciones entre los que amamos y no. En el trabajo me gusta esta persona y odio a aquella y así paso casi 10 horas disgustado. En la familia amo a esta persona y detesto a aquella. En la sociedad, somos indiferentes a casi todo el mundo y nos sentimos solos. Esa visión limitada del amor sobre a quién amo y a quién no es lo que nos hace infelices porque lo que no se ama, se odia y el odio nos destruye día a día sin permitir que la alegría llegue a nuestro nido. La naturaleza humana ha llevado al hombre a esta forma de amar desde los principios de su existencia. Por tanto, la propuesta de Jesús es harta difícil: ama con todo tu corazón a Dios y a las personas. Sin embargo, trata de amarlos sin fronteras (desde África hasta Asia, desde Europa hasta América), ámalos sin razas (blancos y negros). Ama, pues, a todo el mundo sin hacer un muro que separe a unos de otros. He oído a muchas personas (incluyendo a sacerdotes) decir que esto es humanamente imposible. Yo particularmente pienso que no es así, de lo contrario, Jesús no nos la habría dejado como deberes (tarea). Empecemos hoy, por solo 24 horas. Hagámoslo también mañana, por otras 24 más porque mientras más cerca estemos de amar como Jesús nos indicó, más cerca estaremos de no sentir odio nunca más y eso, de alguna u otra forma, es la felicidad eterna.

Este artículo fue publicado originariamente en el periódico digital Mundo Y Opinión por Eddy Montilla.

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República Dominicana: A la Universidad, a estudiar y… ¡a nada más!

8 abril, 2018

Por Eddy Montilla.

A solo década y media para que la inteligencia artificial entre de lleno en algunos países del mundo (entiéndase por esto robots haciendo los trabajos habituales realizados hasta ahora por seres humanos), en nuestra querida Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) todavía hay grupos estudiantiles y hasta profesores filosofando sobre socialismo y política partidista que, dicho sea de paso, es de muy mala calidad. Esta diferencia abismal de pensamiento deja ver claramente el gran problema que ni los responsables del funcionamiento de la Universidad ni los diferentes gobiernos que hemos tenido han querido enfrentar: a la UASD la han dejado anclada en el tiempo.

La política de partidos y la educación son incompatibles, sobre todo, si se trata de “política de patio”. Son como el agua y el aceite, incapaces de mezclarse. Este ha sido el mayor lastre que ha tenido la Universidad Autónoma por décadas, ya sea para beneficiar a unos pocos, por la falta de un modelo similar a los usados en las universidades de mayor prestigio internacional, por desconocimiento de la realidad actual o por todo eso a la vez.

Los problemas de la UASD no radican en sus deficientes instalaciones ni en la falta de tecnología, sino en la pobreza de pensamiento y administración que hay en la institución. Mientras nuestros estudiantes están hablando de política tonta, pelota o sobre qué joven, apoyado por un partido político (PRD o PLD) ganará las elecciones de la Federación de Estudiantes Dominicanos (FED), los estudiantes de la Escuela de negocios de Harvard (HBS, por sus siglas en inglés) estudian ejemplos prácticos de eficiencia para aplicar los resultados en sus futuros negocios y en las Universidades Imperiales en Japón, los estudiantes se pasan los días entre ecuaciones diferenciales y ejercicios de física. Nuestros profesores universitarios hablan si el presidente va a reelegirse o no y hacen “conexiones” con otros profesores para recibir el apoyo necesario que los lleve a ser decano de una facultad, por supuesto, con el respaldo de algún partido político. En ambos casos, ¿qué se ha conseguido con eso? Un aluvión de profesionales egresados de muy dudosa calidad y profesores muy inferiores a sus antecesores (esos grandes catedráticos de los cuales yo tuve el privilegio de recibir formación académica y que por el paso y peso del tiempo han tenido que jubilarse).

Soluciones:

Para aquellos que les gusta buscar consuelo, no somos los únicos en esta terrible situación, pues el problema de inmiscuir la política partidista en las universidades estatales es un mal endémico en Latinoamérica. No es de extrañarse, pues, que ninguna universidad latinoamericana ocupe una posición entre las mejores del mundo (2017). Cuando la gangrena se extiende poniendo en peligro la vida del paciente, el doctor no duda en cortar el miembro afectado. Cuando los problemas son graves, las respuestas tienen que ser firmes. Esta es, pues, la respuesta a los problemas de la UASD.

Primero:

La eliminación inmediata de la Federación de Estudiantes Dominicanos (FED) y la prohibición de grupos con afiliaciones a un partido político: la última vez que visité la UASD, leí por curiosidad una carta pública de una de esas asociaciones estudiantiles. En tres párrafos, la carta tenía ocho faltas ortográficas. Entonces, ¿cómo y a quiénes van a ayudar estos grupos si sus miembros ni siquiera pueden escribir 30 líneas correctamente? La FED solo ha servido a la UASD para traer luto y dolor por la muerte de algún estudiante en los clásicos enfrentamientos que se producen. Adiós a la FED y que venga en cambio la creación de grupos culturales y deportivos a los cuales puedan ingresar los estudiantes con la posibilidad de ganar un crédito adicional en función de las actividades realizadas.

Segundo:

Cambios en la forma de selección de los cargos de directores de facultad y de rector de la Universidad.

La selección de los profesores que van a ocupar los cargos importantes de la Universidad Autónoma (director de departamento, decano de una facultad y hasta el mismo rectorado) debe hacerse a partir de una evaluación de las contribuciones que hayan hecho los profesores candidatos en beneficio de la Universidad en los dos años anteriores al cargo vacante al que aspiran y a partir también de su desarrollo como profesional (publicaciones, cursos realizados, investigaciones, etc.).

Sabemos que nuestra propuesta es difícil de implementar, primero por la oposición de aquellos que desde el seno de la Universidad se han aprovechado tradicionalmente de la institución y segundo por los partidos políticos que usan y abusan de la inexperiencia de los estudiantes para su propio provecho proselitista. Pero que no les quede la menor duda de que es lo mejor para la UASD, y eso lo saben aquellos que han trabajado en universidades de alto nivel o por lo menos conocen cómo funcionan. Mi mayor aspiración en cuanto a esto es que empiecen a sumarse a nuestra propuesta personas de corazón firme y mente juiciosa, capaces de promoverla para sacar la política partidista de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Así, quizás algún día, la que fue la primera universidad de América deje de estar hoy entre las últimas y nosotros ya no tengamos que seguir viendo cómo buenos y valiosos estudiantes se pierden en la nada sin presente ni futuro. ¡A la UASD, a estudiar y a nada más!

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

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Foto: cortesía de Juan Cardenes bajo los criterios de Creative Commons (Flickr, 8-4-2018).


La inteligencia artificial podría destruir a millones de personas en forma artificial e inteligente

2 marzo, 2018

Por Eddy Montilla.

El riesgo que se corre con hacer predicciones de gran trascendencia es el de ser llamado otro más de esos falsos profetas apocalípticos. Basado en el hecho de que, en menos de 20 años, millones de empleados en el mundo (con Japón a la cabeza, luego Estados Unidos e Inglaterra…) serán sustituidos en sus puestos de trabajo por robots a consecuencia del desarrollo de la inteligencia artificial, el título de este artículo, más que una profecía podría ser ya una realidad a la que solo hace falta ponerle una fecha exacta. Estamos hablando de una situación que además de grave, puede llegar a ser caótica, y lo que aumenta el caos es que algo que tendrá tanto impacto en millones de personas es prácticamente desconocido por muchos más. ¿Qué significa inteligencia artificial y qué influencia tendrá en nuestras vidas?

La inteligencia artificial es un área de la ciencia de la computación orientada a la creación de robots y máquinas inteligentes capaces de reemplazar a los humanos en sus tareas habituales de trabajo y capaces de actuar también igual que ellos hasta cierto nivel. Dependiendo del conocimiento que se tenga sobre el tema y sobre la historia, las preguntas de las personas toman uno de estos dos caminos en oposición a nuestra advertencia:

¿Qué hay de malo en que un robot haga el trabajo pesado de levantar cosas en una factoría o hacer los quehaceres de la casa?

Lo malo es que si eso se hace sin control, enviará a la calle a millones de personas que no podrán mantenerse, personas que a su vez tienen que mantener a otras más, aumentando el número y los problemas. Estamos hablando de gente que realiza un trabajo poco remunerado, pero contenta con el solo hecho de tenerlo en vez de estar desempleada aunque tenga que pasar el resto de sus días en penuria. El súbito desempleo podría crear una crisis social y económica sin precedentes, aumentando el nivel de protestas sociales y de la delincuencia también, pues… ¿habrá acaso algo más desesperante que un padre que no pueda alimentar a sus hijos?

¿No decían “los teóricos y expertos” los mismo en los tiempos de la industrialización cuando el tractor y las maquinarias quitaron el empleo a los trabajadores del campo y de las factorías y después de algunas convulsiones la sociedad se ajustó automáticamente a su nueva realidad?

Lo que no ve la gente que promueve esta idea para tranquilizarnos es que los contextos son completamente distintos. La Revolución industrial atacó la parte técnica fundamentalmente, dejando un respiro en otras áreas. Así, el campesino que no podía trabajar en el campo podía irse a la ciudad y ser camarero, por ejemplo, pero la inteligencia artificial va a entrar en casi todas las esferas en las que trabaja el ser humano y en forma abrupta. Veremos robots desde haciendo operaciones quirúrgicas como un doctor calificado hasta ofreciendo servicios sexuales como prostituta. Ahora parece ficción. Si usted es incrédulo, espere unas dos décadas y vuelva a leer este artículo. Seguramente lamentará haberse reído o no haber creído. Antes, los avances y cambios tecnológicos eran más lentos y la sociedad podía hacer algunos ajustes; hoy, son más rápidos de lo que podemos digerirlos y estamos llegando a un punto en el que vamos a tener que pagar un precio muy alto por ello. Aquí está el gran problema.

Entramos en la era de la inteligencia artificial, un gran aliado o poderoso enemigo, según se use. Piense, por ejemplo, en una sociedad envejeciente como Japón. Para una bella pareja de ancianos, tener un robot que abra una lata y levante las cosas pesadas es sin duda una salvación. Pero también significará la ruina de casi todas las compañías dedicadas al cuidado de los ancianos en Japón (las cuales son muchas hoy en día) y la pérdida de millones de yenes diarios. Nuestra reticencia en cuanto al uso de la inteligencia artificial en nuestras vidas es que antes los inventos (desde los tiempos de la rueda hasta los años setenta aproximadamente) respondían a una necesidad global. Ahora, los inventos responden al bolsillo de aquellos que invirtieron su dinero en la investigación y créanme que esos señores invierten para ganar en grande. Por eso, lo mejor sería que los jóvenes piensen dos veces sobre la selección de su profesión para no encontrarse con una nefasta sorpresa en el futuro, pues encontrar trabajo podría ser mucho más difícil que ahora. Si la idea original de la inversión de tantos millones en la creación de robots y máquinas artificiales es para mejorar nuestra vida diaria para tener más tiempo y menos trabajo forzado, entonces bienvenida la inteligencia artificial. Desgraciadamente, mi optimismo no llega a esos límites y lo que yo veo es a algunos millonarios convertidos en billonarios y a millones de personas mendigando o robando pan por las calles si no se actúa con mucha prudencia en materia de inteligencia artificial. Solo el tiempo dirá.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

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ECUADOR: sin reelección presidencial indefinida hay progreso definido

18 febrero, 2018

Por Eddy Montilla.

Durante toda una década (2007-2017) el expresidente Rafael Correa gobernó El Ecuador no como un país democrático, sino como una propiedad privada con aliados políticos que parecían títeres movidos por intereses y con partidarios políticos parcialmente ciegos por la ignorancia. Las rémoras que se aprovechaban económicamente de esa situación vieron en la aprobación de la reelección indefinida por la Asamblea Nacional en el 2015 el perfecto escenario para continuar “ordeñando la vaca”. El plan parecía perfecto: Gana el mismo partido, Correa toma unas pequeñas vacaciones, “uno de la casa” calienta la silla por unos años y después volvemos a la normalidad. ¿Y qué pasó? Pues que la vaca ya no tenía leche, se cansó de que siguieran oprimiendo su ubre y terminó dando cornadas, empezando por el mismo expresidente.

Quien escribe, nunca ha considerado a Rafael Correa como una persona con malas intenciones para su país. De hecho, si la crisis económica mundial del 2008 no hundió El Ecuador (algo que parecía inminente si tomamos en cuenta que la economía de ese país tiene como base la exportación de petróleo cuyos precios se desplomaron en esa época), se debe en gran parte a las medidas tomadas por el expresidente y economista. Si la vida de muchas personas mejoró fue sin duda el resultado de grandes reformas hechas por Correa en las áreas de la agricultura y educación. Pero el brillo de sus cosas buenas no nos ciega como para no poder ver que su modelo político es un atentado contra la democracia de su país y la estabilidad de la región.

Rafael Correa, como Hugo Chávez anteriormente y Nicolás Maduro actualmente en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Daniel Ortega en Nicaragua y otros tienen complejos de profetas mesiánicos: se creen los únicos que pueden “salvar” sus respectivos países. Al final, embriagados de poder, terminan como los otros ejemplos que la historia nos ha mostrado: convirtiéndose en dictadores con máscara o sin esta.

Para muchos, el actual presidente de El Ecuador, Lenín Moreno, es simplemente un traidor que frustró los planes de continuidad de Correa. Para otros, un político más. Lo cierto es que a la fecha en que escribimos este artículo, resulta difícil evaluar la calidad de la gestión del presidente Moreno. En cualquier caso, una cosa es segura: su posición y también la de aquellos que lo apoyaron votando en contra de la reelección indefinida son correctas aunque haya tal vez muchos ecuatorianos incapaces de entenderlo en estos momentos. El Ecuador tiene cientos de profesionales iguales o mejores que Correa para ser presidente. En Latinoamérica, no debe haber espacio para presidentes eternizables porque el historial de muertos bajo la sombra de dictadores en la región es tan larga que si todos vivieran se fundaría una nueva ciudad. Si Correa quiere realmente continuar ayudando su país, ¿por qué tiene que ser necesariamente sentado en la silla presidencial?

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

Foto: cortesía de Eduardo Navas bajo los criterios de Creative Commons (FLICKR 18-2-2018).

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República Dominicana: un teleférico acerca al cielo; un tren lleva al progreso

21 enero, 2018

Por Eddy Montilla.

En algunos países desarrollados, como en Estados Unidos, por ejemplo, se ha vuelto ya algo consuetudinario que el presidente realice acciones de gran trascendencia poco antes de terminar su mandato con el objetivo de dejar su nombre escrito en la historia. Así, Barack Obama restableció relaciones diplomáticas con Cuba en el año 2015 y se convirtió en el 2016 en el primer presidente norteamericano en visitar esa isla en casi cien años. En Latinoamérica, en cambio, las obras de un presidente no se hacen al final, sino cuando empiezan a soplar vientos cálidos que anuncian elecciones y además, no son para perpetuar su nombre, sino para preparar su reelección presidencial.

En ese país, casi todo el que tiene más de 40 años recuerda el famoso eslogan “Eso lo hizo Balaguer” o “E´ pa´lante que vamo”, eslóganes de campaña que resaltaban las obras de Joaquín Balaguer y de Leonel Fernández y que sirvieron como plataforma a la reelección a ambos políticos en sus respectivos momentos.
Hoy, que el presidente Danilo Medina trae su teleférico en Santo Domingo como medio de transporte, demos a su gobierno el beneficio de la buena fe y también de la duda al pensar que dicha obra va exclusivamente orientada a descongestionar el tráfico en la capital. Aun así, ¿con qué nos quedamos? Con poca fe y con muchas dudas.

Observen que el uso de funiculares o teleféricos en otros países responde a contextos muy diferentes de los de República Dominicana. Bolivia y Colombia usan funiculares como medio de transporte porque las condiciones montañosas de sus ciudades hacen de estos un medio viable y práctico, pues son lugares donde hasta los autobuses tienen difícil acceso y hablar de trenes resulta casi imposible. En cuanto a los funiculares de Montmartre en Francia y de Lisboa en Portugal, estos son en realidad formas de transporte puramente turísticas.

Como siempre aparece alguien obsesionado con entender todo lo contrario de lo que se quiere decir, clarificamos la idea: no estamos en desacuerdo con la construcción del teleférico, sino que no es lo prioritario ni lo más beneficioso para el país en estos momentos. El desarrollo de República Dominicana no depende de su capital, sino de las otras zonas del país porque es una tierra agrícola y turística. Con un nivel de educación tan miserable como el que tiene la mayoría de nuestra gente, querer hacer del país “un pequeño Nueva York” es querer construir castillos en el aire. Eso fue algo fruto de una mente soñadora y pintor de sueños, otrora ex presidente del país.

República Dominicana necesita desarrollar San Cristóbal, San Juan y provincias aledañas. República Dominicana necesita desarrollar Santiago, la Vega, Samaná, la Romana y áreas circundantes. República Dominicana necesita, por tanto, trenes. Sí, oigan bien, trenes de pasajeros que conecten el interior con Santo Domingo para que la gente no sufra los abusos constantes del aumento de pasajes en forma caprichosa por parte de los dueños de autobuses, problema que lleva ya más de medio siglo sin resolverse; trenes de carga para que los agricultores puedan llevar sus productos rápidamente de un lugar a otro a un costo más justo en vez de ver sus ganancias reducidas a casi nada por los altos costos de flete.

España es un país lleno de todo tipo de trenes: de cercanía, larga distancia, de alta velocidad (AVE) y de carga. En Europa se puede ir de un país a otro fácilmente en tren y lo mismo en Japón, en Corea del Sur y otros países asiáticos. China y Estados Unidos son los dos países que tienen las redes de vía rápida (incluyendo autopistas y autovías) más largas del mundo. No es coincidencia, pues, que sean las primeras potencias económicas. Mejorando las redes de transporte y de comunicación entre las ciudades, campos y la capital es como se crean las bases del desarrollo, pues se le dice adiós al aislamiento.

Desafortunadamente, el país tiene una cultura centenaria de dejarse arrastrar por falsos espejismos y de gobernantes rodeados de expertos y asesores cuyo mérito es estar siempre tocando los bordes sin llegar al centro. Ojalá que más tarde que temprano, bajemos del teleférico de los sueños para subirnos al tren del desarrollo.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

Foto: cortesía de Michael Gaylard bajo los criterios de Creative Commons (FLICKR 19-11-2017).

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