Conociendo Japón (3): análisis de su éxito empresarial y sistema de trabajo: ventajas y desventajas

21 julio, 2017

Por Eddy Montilla.

La mejor forma de entender lo que significa el trabajo en Japón es mirando la vida de las abejas: tienen un excelente sistema de organización de trabajo (igual que los japoneses), pasan casi todo el tiempo concentradas en lo que tienen que hacer independientemente de la aspereza de su trabajo y de su vida misma (igual que los japoneses) y cuando su labor ya no puede ser realizada o no es necesaria, su razón de vivir también llega a su fin (igual que muchos japoneses).

Aspectos positivos del sistema de trabajo en Japón

(+) Fuerte sentimiento de pertenencia y fidelidad a la compañía donde se labora

Desde Estados Unidos hasta Francia, desde China hasta Kenia o desde Australia hasta Brasil, es decir, a cualquier lugar donde viaje, verá el mismo pensamiento de los trabajadores con respecto a la compañía donde laboran: salario recibido por horas trabajadas. “Yo estoy aquí porque me pagan un salario con el que puedo poner comida sobre la mesa. Mientras me sigan pagando, sigo trabajando. Si encuentro un trabajo mejor, me voy inmediatamente. Poco me importa si la empresa va bien o mal. Al fin y al cabo, no es mía”.

”¿Qué te pasa?” Le pregunté un día a Mariko. “Te noto un poco preocupada”.

”Es que en la tienda donde trabajo a tiempo parcial después de la Universidad vienen pocos clientes. “Taihen” (¡Qué problema!). Me dijo.

Lo interesante de esta pequeña anécdota es que su salario, unos 850 yenes por hora (9 dólares aproximadamente al momento en que escribo), ni sube ni baja por la llegada de clientes. En las mismas circunstancias, ¿a cuántas personas usted conoce que estarían preocupadas por no tener muchas cosas que hacer? Aquí está la diferencia: en Japón, los empleados se sienten conectados a la compañía donde laboran con un nivel muy alto de responsabilidad y lealtad.

(+) ”Nosotros” va delante de “Yo”

El más grande secreto y base del éxito empresarial japonés no es su avance tecnológico, como muchas personas piensan (Alemania, Estados Unidos y otros países también lo tienen), sino el haber creado en sus ciudadanos la idea y sentimiento de tener que moverse al unísono en el trabajo. Ellos ponen con frecuencia detrás el “yo” y la secuela de egoísmos que esta palabra generalmente trae para dar prioridad al “nosotros”, creando así la sinergia que permite el desarrollo colectivo. Observe la empresa en la que usted trabaja. Es casi seguro que encontrará muchos ejemplos de empleados que no están empujando como grupo, sino tirando cada quien por y para su lado a nivel individual.

Siempre me gusta ilustrar la idea del trabajo en grupo de los japoneses con el ejemplo que vi un día cuando unos empleados estaban plantando un árbol: un empleado llevaba el árbol que se iba a plantar, otro tenía la pala, otro una regadera, el jefe tenía una pequeña estaca y la secretaria tenía una cámara para tomar la foto del recuerdo. En ese momento, me puse a pensar que hubiese pasado en otros países que conozco. Seguramente el jefe le hubiera dicho a Hugo (nombre hipotético) que hiciese ese trabajo y este lo habría hecho no sin antes pensar dentro de sí lo siguiente sobre su jefe: “¿Quién piensa este pendejo que yo soy?, ¿el más feo? ¿Por qué me manda a mí y no a Pablo, José o Manuel, que siempre están por ahí sin hacer nada?” Esta decisión del jefe solo sirvió para añadir una gota más de veneno a la relación entre él y su empleado, relación que ya de por sí parecía estar envenenada.

(+) Responsabilidad social alta

La responsabilidad social que deberían tener las empresas para con la sociedad de la cual se nutren es algo relativamente nuevo. En términos prácticos hablaríamos de unas tres décadas, en mi opinión. En Japón, sin embargo, esta idea podría casi triplicar ese tiempo. Y si tomamos en cuenta el pensamiento grupal que prevalece en ese país, es probable que siempre haya existido. La sociedad es la persona y la persona es la sociedad. En la medida en que la sociedad mejora, todos mejoran. Bajo esa filosofía trabajan los japoneses frecuentemente. A eso, hay que añadir su compromiso con la calidad: cualquier producto japonés sobrepasa los estándares mínimos de calidad y, en materia de servicio, probablemente sean los mejores del mundo.

(+) Hacen del trabajo una forma de diversión con cada meta obtenida

Mundialmente existe la percepción de que los japoneses están siempre trabajando. Eso no está lejos de la realidad. Si recibimos dinero por trabajar, quiere decir que el trabajo no es algo muy fácil de hacer. Entonces, lo realmente interesante en este caso es preguntarse cómo pueden ellos trabajar tan maratónicamente. La respuesta podría ser el placer sentido con cada tarea de trabajo realizada.

Aspectos negativos del trabajo en Japón

(-) Obsesiva búsqueda de la perfección

Los japoneses son perfeccionistas y le dan gran importancia al cambio. Para ellos, hay que estar constantemente buscando algo nuevo, pues ven desarrollo en cada cambio. Los productos, por ejemplo, “cambian” constantemente y ellos enfatizan el cambio en la publicidad: “¡Nueva cerveza!, ¡nuevo pastel en la cafetería! Y así sucesivamente. Al principio, esta idea es buena y si no aparece entre los aspectos positivos es porque gradualmente se vuelve obsesiva. El estrés que crea la obligación de tener que mejorar, tener todo correcto y perfecto lleva al suicidio a decenas de miles de japoneses cada año. Pero es solo la punta del iceberg: hay millones de trabajadores que necesitan medicina o alcohol para poder dormir y muchos millones más de jubilados en la misma situación.

Tomándome un café en una cafetería dentro de unos grandes almacenes, observaba cómo trabajaba una dependienta japonesa en una tienda. La chica no estaba fija ni un segundo: cambiaba la ropa de posición, la combinación de las faldas y blusas y otras cosas más hasta que llegara algún cliente. Era algo así como: ”Si no tienes realmente nada que hacer, tienes que inventártelo”. En Toledo, España, en una tienda, me encontré con un caso opuesto al anterior. Vi a toda una familia, desde el abuelo hasta el nieto, trabajando en el mismo lugar. Nadie se movía, todos estaban charlando conmigo hasta que llegó un nuevo cliente y durante todo ese tiempo nos reímos mucho. No llevan una vida tan moderna como el dueño de aquella tienda japonesa, pero tal vez sean más felices. Si usted pule demasiado en búsqueda de brillo, al final termina desgastando la cosa pulida. Es que, en un mundo limitado, tratar de vivir sin limitaciones crea muchos dolores de cabeza.

(-) Falta de flexibilidad

Recuerdo un viernes por la noche cuando salía de un restaurante. Al frente del lugar, había un trabajador japonés, vestido impecablemente, golpeando ligeramente con su cabeza un poste de luz. Él estaba borracho, pero la razón de su acción no eran las múltiples cervezas que pudo haber tomado esa noche, sino algún error cometido. La búsqueda de la perfección obsesiva que mencionamos antes deja poco espacio para la flexibilidad en cuanto a los errores por la competitividad.

Mientras en otros países se trabaja por un periodo de tiempo establecido (“Ya son las seis de la tarde, termino mi trabajo por hoy. Me voy, hasta mañana, chicos”.), los japoneses trabajan por tareas hechas: no has terminado lo que tienes que hacer ni tus compañeros tampoco, pues no regresas a tu casa. Eso explica las largas horas de trabajos extras que los japoneses hacen diariamente. Camine a las ocho y hasta nueve de la noche y verá aún las luces encendidas de las oficinas en los edificios. Estamos hablando de más de 10 horas de trabajo al día sin contar las horas de desplazamiento al lugar de trabajo. En África usted puede morir de hambre; en Latinoamérica usted puede morir por falta de dinero para comprar medicinas o por un atraco, pero en ningún caso será por exceso de trabajo. En Japón, por el contrario, el karoshi (muerte por exceso de trabajo) mató a más de 2000 personas en el año 2015. Un caso de gran resonancia fue el de una joven de 24 años que llegó a trabajar hasta 105 horas extras en el mes anterior a su suicidio. Muchos otros casos no salen a la luz pública y se resuelven con millones de yenes ofrecidos a la familia como compensación. En otros casos, el estrés se vuelve casi insoportable. Entonces, los empleados trabajan pensando que al llegar la noche van a beber alcohol como locos, y beben alcohol como locos esa noche pensando que mañana tendrán que trabajar de la misma forma.

(-) Fuera del trabajo, pocas expectativas

Si usted participa en una fiesta de empleados japoneses, notará como hay mucha comida, mucho alcohol y después de comer y beber, mucha conversación sobre… el trabajo. Mientras muchas personas en otros países buscan separar la vida laboral de la vida familiar, en Japón solo hay una vida: el trabajo. Las horas dedicadas a trabajar sobrepasan las de la familia y el descanso. El traslado de empleados a otras ciudades es frecuente y la familia no va con el padre. Los padres pasan poco tiempo con sus hijos y en las últimas décadas en muchos casos ya ni siquiera llegan a tenerlos: son sustituidos por perros o gatos.

Japón es un país con una sociedad envejeciente. Contrario a otros países, la aceptación de inmigrantes es muy reducida y las familias sin niños van cada año en aumento. Hoy, el índice de desempleo es bajo y la situación económica es estable. Sin embargo, de no realizar cambios en la vida laboral, en un par de décadas, el país sufrirá las consecuencias de la carestía de mano de obra, el desequilibrio o ruptura familiar y el gran problema de familias unipersonales aun nivel tan peligroso que prefiero no pronosticarlo.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

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Ciberataque mundial: ya es solo cuestión de tiempo

27 mayo, 2017

Por Eddy Montilla.

En materia tecnológica, de invención y descubrimiento, tal vez el ser humano tenga todavía un largo camino por recorrer, pero en lo que respecta a la conducta y pensamiento humanos, no hay, como dice el famoso proverbio, “nada nuevo bajo el sol”. Tal vez sea por eso que avanzamos mucho en lo primero y ya casi ni pensamos en lo segundo. Hemos digitalizado casi todo, hacemos girar nuestro trabajo en torno a un ordenador e Internet y, por otra parte, nos hemos olvidado de consejos tan importantes en la vida como el de “no poner todos los huevos en la misma canasta”, error que hemos cometido al volvernos completamente dependiente de los ordenadores y teléfonos inteligentes.

El paso de lo analógico a lo digital, del trabajo en papel al trabajo en la pantalla de un ordenador ahorra mucho tiempo y hace que nuestra vida sea más fácil. Sin embargo, el más reciente y grande ciberataque a escala mundial que, dicho sea de paso, afectó a más de 100 000 organizaciones en unos 150 países, ha puesto de manifiesto la fragilidad de nuestro aparentemente seguro mundo digital y nos ha enseñado simultáneamente el otro lado de la moneda: estamos corriendo el riesgo de quedarnos sin presente y sin historia. El avance tecnológico va tan rápido que los canales de distribución de información y los medios de almacenamiento de datos cambian sus formatos periódicamente. Por ejemplo, hay muchas personas que todavía almacenan información en CD, DVD; otras optan por USB, discos portátiles y ya hay quienes se arriesgan a tener todo almacenado en la nube. Estos diferentes formatos han creado gradualmente una especie de torre de Babel que solo la computadora puede decodificar. Pero, ¿qué pasaría si en un momento determinado, por algún ataque cibernético los ordenadores perdieran la capacidad de lectura de nuestra información? Desde las fotos de la familia hasta las informaciones de pagos más importantes de una empresa, todo se esfumaría más rápidamente que un plato de galletas en frente de un par de niños con hambre después de llegar del colegio. Científicos y expertos en la materia como Eugene Karspersky nos han estado advirtiendo de este posible caos. No estamos, pues, delante de algo hipotético, sino posible.

Cada vez que los ladrones burlan un sistema de seguridad y logran entrar en las casas, se crea un nuevo sistema que les hace “su trabajo más difícil”, y así el ciclo se repite: por cada nueva forma de entrar que inventan los ladrones, aparece una nueva forma de seguridad. En materia de informática, por suerte, no es el ladrón (el pirata informático) el que va a la vanguardia, sino el sistema de seguridad. Eso nos da tiempo para poder protegernos mejor. No obstante, no significa que en el futuro la situación continuará siempre así. Es precisamente eso lo que ha hecho saltar las alarmas en torno a este tema, porque las consecuencias podrían ser realmente terribles. Después del ciberataque mundial, en Inglaterra y Escocia, por ejemplo, muchos hospitales no pudieron ofrecer sus servicios con normalidad al no poder usar correctamente su sistema de ordenadores. Como resultado, operaciones canceladas, tratamientos médicos sin poder realizarse y otros inconvenientes más.

Lo que antes parecía solo posible en la imaginación del director de la película Duro de matar 4.0 (la Jungla 4.0), Len Wiseman, cuando se hizo un ataque cibernético a las infraestructuras más importantes de Estados Unidos, hoy es algo que está más cerca que nunca de convertirse en algo real. Digamos, para repetir las palabras de Karspersky: “Es solo cuestión de tiempo”. Por eso, hay que buscar balance entre la sabiduría tecnológica y la sabiduría de la vida y no poner todos los huevos en una misma canasta. Eso quiere decir que hay que tomar medidas preventivas como guardar copias en papel de cosas importantes en vez de confiar todo al ordenador. Si es posible, tener un ordenador sin conexión a Internet, es decir, buscar doble forma de almacenamiento para no depender completamente de Internet ni de la computadora. Incluya también en esa misma tendencia la idea de almacenar algo de dinero en efectivo. De ese modo, podríamos estar más seguros contra cualquier eventualidad. Para los que estas recomendaciones les resultan un tanto exageradas o innecesarias, recuerden que la gente normal siempre se burla de los que se previenen, pero al final, cuando llegan los días de tormenta y con ellos los problemas de grandes magnitudes, son los que se previenen los que se mantienen a flote mientras que la gente normal se mueve en una sola dirección: hacia el fondo.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

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Ya es hora, por el bien de Venezuela

13 mayo, 2017

Por Eddy Montilla.

Opositores del presidente Nicolás Maduro protestando en las calles.

Si la eficiencia de una gestión presidencial se juzgara en función de sus resultados prácticos, la administración del presidente Nicolás Maduro en Venezuela muy bien podría ser resumida en una sola palabra: impracticable.

Según el Fondo Monetario Internacional, la inflación de los precios de consumo en ese país sudamericano para este año es del 720.5 % y, puesto que galopa como un caballo salvaje, se prevé que ronde el 2000 % para el 2018 de mantener su tendencia alcista. Solo calcular cuánto tendrá que pagar un venezolano por el mismo producto el año que viene es suficiente para tener jaqueca. Claro está, para ello necesitará la suerte de encontrarlo primero, tarea titánica a juzgar por los anaqueles vacíos de los supermercados y luego la suerte de contar con el dinero, el cual se vuelve cada vez más difícil de obtener.

La crisis económica y de productos en la que está sumergido el país resulta sorprendente, pero no es, a mi juicio, lo más trágico, sino la división interna de los venezolanos. Venezuela está dividida entre los que defienden la Revolución socialista bolivariana (más fieles a la imagen de un Hugo Chávez muerto que a la persona viviente de Maduro) y aquellos opositores, como el dirigente Henrique Capriles y sus millones de seguidores que ven al presidente Maduro como un dictador. Las constantes protestas desde marzo pasado, sus secuelas (41 muertos hasta el momento en que escribimos) y el caos imperante en esa nación llevan a una sola conclusión: ya es hora del presidente Nicolás Maduro de pasar el cetro a otra persona en forma democrática.

Partidarios del presidente dando su apoyo al Gobierno.

El mundo es libre y eso nos da libertad para pensar y actuar libremente. Si el presidente Maduro quiere continuar con su famosa “Revolución bolivariana” y otras cosas, no hay ninguna objeción. Pero que no cierre los ojos ante la realidad, y la realidad dice que Venezuela no ha mejorado como debiese durante su gestión, tal vez porque él está muy lejos de poder ser comparado con su predecesor: la gente respetaba o temía a Hugo Chávez; a Maduro, le tiran objetos. Chávez se las ingeniaba para resolver, maquillar u ocultar los problemas; Maduro, en cambio, parece querer resolver los suyos en forma mística: apariciones de Hugo Chávez en forma de pajarito o mariposa o hablándoles a las vacas.

Si en los próximos meses la situación política y económica no se vuelven favorables en Venezuela, pienso que lo mejor para ese país es un cambio, darle paso a una nueva administración democráticamente elegida. Desgraciadamente, si es difícil para un camello pasar por el ojo de una aguja, también lo es para un presidente desprenderse del poder una vez embriagado de este. La historia de Latinoamérica está llena de presidentes así y cuenta con pocos políticos juiciosos con capacidad de otorgamiento de poderes. El futuro dirá a qué grupo pertenece el presidente Nicolás Maduro.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

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¿Dignidad o un par de euros?

23 abril, 2017

Por Eddy Montilla.

El mundo está lleno de personas normales, algunos inteligentes y un buen grupo de acéfalos. Por eso, los actos violentos de algunos hinchas extremistas ingleses del equipo Leicester en la Plaza Mayor de Madrid ni me sorprenden ni me quitan el sueño.

Pero cuando uno ve a esos hinchas arrojando monedas en el suelo para divertirse mirando cómo un grupo de mendigas se lanzan tras estas, entonces, hay que preguntarse por qué hemos caído tan bajo como seres humanos y a dónde se fue a parar nuestra dignidad. En la práctica, el nivel económico y futuro de una persona depende fundamentalmente de la condición económica de la familia en la cual nació y de su país natal. Los esfuerzos que hace esa persona después (estudiar y hacerse de una profesión, por ejemplo) son realmente pequeños y colaterales. A esos ignorantes que arrojaron monedas nunca les ha pasado por la cabeza que si ellos hubiesen nacido en Sudán del Sur en África, por solo citar un ejemplo, serían ellos los que tal vez estarían mendigando en vez de esas señoras.

Cuando se pierde la dignidad, se pierde todo. Si fue un acto indigno de esas personas lanzar monedas a las mendigas, también lo fue recogerlas. Nadie se muere por dejar de cenar una noche y, sin embargo, ellas pudieron ganar mucho mostrando y exigiendo respeto. Entiendo completamente que es más fácil decir esto cuando no se está en la posición de esas mujeres, pero si usted no lucha por su propia dignidad, ¿quién va a hacerlo?

Usar la miseria de otras personas como forma de diversión habla por sí mismo del nivel de putrefacción de nuestra sociedad actual. Acciones como estas nos hacen ver que vamos por un mal y peligroso camino. Hemos pasado de la era de piedra a la era de las riquezas materiales y el desenfreno, y con ello, nuestro corazón se ha vuelto de piedra.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

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Sequía en África y solo lluvia de promesas

18 marzo, 2017

Por Eddy Montilla.

La indiferencia es la forma de pago de los ingratos, y el mundo parece estar llenándose cada vez más de estos. Solo hay que mirar hacia África para comprobarlo. La falta de alimento y agua potable matan a más de 100 somalíes en dos días en tan solo una zona. Junto a Somalia, en Sudán del Sur, Nigeria y Yemen las secuelas de la grave sequía que afecta a esos países ponen en peligro la vida de casi un millón y medio de niños, según informa UNICEF, y pese a eso, en otras partes del mundo, mucha gente continúa su ritmo de vida cual si nada estuviera pasando en el continente africano. ¿Desde cuándo el corazón humano dejó de ser sensible y cálido para convertirse en glacial?

     Fiestas y carnavales, y en África las personas se mueren de hambre. Celebraciones de la Cuaresma, el Ramadán, etc., y en África las personas se mueren de hambre. Desde Estados Unidos hasta Japón, desde Japón hasta la Unión Europea, lluvias de alimentos son botados diariamente a la basura. En África, sin lluvia, la tierra seca continúa tragándose los cuerpos de los no supervivientes a esta tragedia. Y lo que es peor: se mide a sí misma para ver si es capaz de albergar a los miles de personas que podrían terminar debajo de esa misma tierra si no se remedia la situación.

     Solo en Somalia, casi seis millones de personas necesitan ayuda urgente. Los políticos dicen que hay que hacer algo en favor de ellas, que hay que actuar rápidamente. Al final del día, no hay acción y sobra la actuación. Los medios de comunicación se contentan con publicar las noticias y pasan rápidamente a la próxima como viejos aburridos cambiando de canal; y en África, los niños famélicos apenas pueden mover los ojos por la debilidad. Los organismos internacionales competentes denuncian la situación, hacen visitas a la región, reuniones para discutir el tema y, al llegar la noche, a sus miembros les espera una suculenta cena en un restaurante.

     …¿Y en África? En África, en África las personas se mueren de hambre.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

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Las ideas de Jesús (2): sobre el perdón

20 febrero, 2017

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Por Eddy Montilla.

Para entender mejor las ideas de Jesús sobre el perdón, primero hay que ver cómo cada uno de nosotros a nivel individual se maneja en esta situación. Si no exisitiera el mal, no habría necesidad de perdonar. Eso quiere decir que el perdón no es algo fortuito, sino el resultado de las valoraciones que hacemos entre lo que es bueno y lo que es malo. Esto, sin embargo, solo ocurre en teoría, pues en la práctica lo que realmente usamos para juzgar a una persona es cuánto nos afecta el mal que nos ha hecho. En los dos casos extremos (cuando nos afecta muy directamente o cuando no nos afecta en lo absoluto, sino a otras personas) la tendencia de la gente es a negar el perdón.

    Resulta curioso que, pese a nuestros ordenadores y teléfonos inteligentes, es decir, al progreso tecnológico del cual tanto nos ufanamos, en el aspecto humano, nuestra forma de pensar sobre el perdón poco ha cambiado en comparación con la sociedad donde vivía Jesús. Piensen, por ejemplo, cuando aquel grupo de personas quería apedrear a “la mujer adúltera” sin ni siquiera conocer bien los detalles ni las razones que la indujeron a eso, solo porque su error era algo contrario a su ley y sus valores de lo correcto e incorrecto. Es entonces cuando aparece este señor llamado Jesús con una nueva forma de ver y entender la idea del perdón: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Su sentencia es tan clara que él mismo dio el tema por concluido. Y es que aquí, en la Tierra, no hay absolutamente nadie que sea bueno completamente. Todos tenemos un talón de Aquiles que nos hace cometer errores constantemente y todos algún día jugamos el papel del malo de la película. Entonces, como no hay nadie bueno y todos somos pecadores, perdonar no debería ser algo opcional, sino “inteligentemente obligatorio” de nuestra parte, pues tarde o temprano otras personas tendrán que perdonarnos por las ofensas que cometemos.

    Esta nueva forma de entender el perdón que presenta Jesús es lo que realmente diferencia el cristianismo de otras religiones. Sean fanáticos religiosos o no, hay quienes “en nombre de su dios”, matan a otras personas sencillamente porque son incapaces de perdonar. El budismo japonés, por ejemplo, se centra en la idea de no hacer mal, lo cual es un paso muy importante en el desarrollo de una sociedad más humana y justa. Sin embargo, queda corto en cuanto al perdón. “Gomennasai” (perdón) es una de las palabras más usadas a diario en la sociedad japonesa, lo cual indica el gran valor que se le da. El problema está en que el número de veces que usted escucha “Yurusenai” (Eso no lo perdono) es matemáticamente mucho más alto.

    Jesús habla de perdonar siempre. Pienso que perdonar no nos convierte en “niños buenos y piadosos”. Con esto, no le estamos haciendo un favor a la persona que nos causó algún daño, sino que al perdonar somos nosotros mismos los que nos estamos quitando una carga de encima: el creciente rencor que sentimos contra la otra persona y que nos atormenta día tras día. Por la naturaleza misma del ser humano, perdonar es algo muy difícil, pero no nos queda otro camino: o perdonamos o vivimos infelices por el resto de nuestras vidas. ¿Qué decide usted?

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

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El fracaso de los emigrantes en todo el mundo

19 febrero, 2017

emigrante

Por Eddy Montilla.

En la última década principalmente, el mundo ha visto un flujo migratorio sin precendentes. Como aves que emigran en invierno, personas de México y otros países de Centroamérica entran en Estados Unidos. Lo mismo hacen chinos e indúes o, en su defecto, se van a Inglaterra. Los emigrantes africanos que no han muerto en el intento ni se han convertido en comida de tiburones, están en España e Italia. Y finalmente, los que escapan de las secuelas de la guerra, sean de Siria, Afganistán, Kosovo y otros países viven el drama incierto entre las fronteras, esperando el momento oportuno para llegar a su Alemania anhelada.

    Sea cual fuere la razón que los haya impulsado a dejar su patria (dinero o seguridad), los emigrantes han fracasado por no saber cuál es su verdadero rol (ayudar a que otros no tengan que salir de su patria por dinero) y por arrastrar a otros compatriotas a la misma situación. Cuando estuve en España, esta pancarta colgada en el Palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento de Madrid dando la bienvenida a los emigrantes me dejó un tanto perplejo. ¿Por qué muchos emigrantes, pese a la gran hospitalidad española, su buena comida y clima, tienen como destinos de preferencia Alemania, Suecia o Inglaterra? Una bola siempre será una bola no importa cuántas veces usted le dé vueltas ni por donde la mire. Entonces, la razón es solo una: Aquellos son países con salarios y sistemas de asistencia social más elevados.

    No niego que en muchos casos se busque seguridad y que hay muchas personas huyendo por salvar su vida, pero a la postre, en la mayoría de los casos, lo más deseado es dinero porque, una vez establecidos allí, ¿qué hacen muchos emigrantes? Primero buscan a su familia, luego se olvidan de las condiciones de pobreza en que vivían antes y finalmente se olvidan de su país y de las necesidades de sus compatriotas. Si no pueden buscar su familia, pasan la vida enviando remesas y se les ve visitando el lugar que les dio la vida cada cierto tiempo para “vacacionar en su propio patria” y ostentar riquezas ficticias o reales. Si eso no se puede llamar irónico, no siga leyendo más porque esa es la única y verdadera realidad de los emigrantes a nivel mundial. Cualquier otra cosa es tan fantástico e imaginario como el libro de Harry Potter.

    ¿Cuántos de esos centroamericanos que viven hoy en día en algún suburbio de Nueva York han ayudado, por ejemplo, al campo del cual salieron para que la nueva generación no tenga que emigrar a la ciudad o seguir los mismos pasos que ellos? ¿cuántos chinos diseminados por todo el mundo han contribuido a descontaminar los ríos de China? Sin duda, aparecerá algunos samaritanos (en todas partes los hay), pero lo cierto es que a casi todos los ha mordido la víbora del olvido, cuyo veneno les hace no pensar en su pasado, ser indiferente ante el presente de su país y solamente pensar en su propio futuro.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

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