La República Dominicana: un teleférico acerca al cielo; un tren lleva al progreso

21 enero, 2018

Por Eddy Montilla.

En algunos países desarrollados, como en Estados Unidos, por ejemplo, se ha vuelto ya algo consuetudinario que el presidente realice acciones de gran trascendencia poco antes de terminar su mandato con el objetivo de dejar su nombre escrito en la historia. Así, Barack Obama restableció relaciones diplomáticas con Cuba en el año 2015 y se convirtió en el 2016 en el primer presidente norteamericano en visitar esa isla en casi cien años. En Latinoamérica, en cambio, las obras de un presidente no se hacen al final, sino cuando empiezan a soplar vientos cálidos que anuncian elecciones y además, no son para perpetuar su nombre, sino para preparar su reelección presidencial.

En ese país, casi todo el que tiene más de 40 años recuerda el famoso eslogan “Eso lo hizo Balaguer” o “E´ pa´lante que vamo”, eslóganes de campaña que resaltaban las obras de Joaquín Balaguer y de Leonel Fernández y que sirvieron como plataforma a la reelección a ambos políticos en sus respectivos momentos.
Hoy, que el presidente Danilo Medina trae su teleférico en Santo Domingo como medio de transporte, demos a su gobierno el beneficio de la buena fe y también de la duda al pensar que dicha obra va exclusivamente orientada a descongestionar el tráfico en la capital. Aun así, ¿con qué nos quedamos? Con poca fe y con muchas dudas.

Observen que el uso de funiculares o teleféricos en otros países responde a contextos muy diferentes de los de la República Dominicana. Bolivia y Colombia usan funiculares como medio de transporte porque las condiciones montañosas de sus ciudades hacen de estos un medio viable y práctico, pues son lugares donde hasta los autobuses tienen difícil acceso y hablar de trenes resulta casi imposible. En cuanto a los funiculares de Montmartre en Francia y de Lisboa en Portugal, estos son en realidad formas de transporte puramente turísticas.

Como siempre aparece alguien obsesionado con entender todo lo contrario de lo que se quiere decir, clarificamos la idea: no estamos en desacuerdo con la construcción del teleférico, sino que no es lo prioritario ni lo más beneficioso para el país en estos momentos. El desarrollo de la República Dominicana no depende de su capital, sino de las otras zonas del país porque es una tierra agrícola y turística. Con un nivel de educación tan miserable como el que tiene la mayoría de nuestra gente, querer hacer del país “un pequeño Nueva York” es querer construir castillos en el aire. Eso fue algo fruto de una mente soñadora y pintor de sueños, otrora ex presidente del país.

La República Dominicana necesita desarrollar San Cristóbal, San Juan y provincias aledañas. La República Dominicana necesita desarrollar Santiago, la Vega, Samaná, la Romana y áreas circundantes. La República Dominicana necesita, por tanto, trenes. Sí, oigan bien, trenes de pasajeros que conecten el interior con Santo Domingo para que la gente no sufra los abusos constantes del aumento de pasajes en forma caprichosa por parte de los dueños de autobuses, problema que lleva ya más de medio siglo sin resolverse; trenes de carga para que los agricultores puedan llevar sus productos rápidamente de un lugar a otro a un costo más justo en vez de ver sus ganancias reducidas a casi nada por los altos costos de flete.

España es un país lleno de todo tipo de trenes: de cercanía, larga distancia, de alta velocidad (AVE) y de carga. En Europa se puede ir de un país a otro fácilmente en tren y lo mismo en Japón, en Corea del Sur y otros países asiáticos. China y Estados Unidos son los dos países que tienen las redes de vía rápida (incluyendo autopistas y autovías) más largas del mundo. No es coincidencia, pues, que sean las primeras potencias económicas. Mejorando las redes de transporte y de comunicación entre las ciudades, campos y la capital es como se crean las bases del desarrollo, pues se le dice adiós al aislamiento.

Desafortunadamente, el país tiene una cultura centenaria de dejarse arrastrar por falsos espejismos y de gobernantes rodeados de expertos y asesores cuyo mérito es estar siempre tocando los bordes sin llegar al centro. Ojalá que más tarde que temprano, bajemos del teleférico de los sueños para subirnos al tren del desarrollo.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

Foto: cortesía de Michael Gaylard bajo los criterios de Creative Commons (FLICKR 19-11-2017).

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Rankings de esperanza de vida basados en la muerte. ¡Qué error!

3 diciembre, 2017

Por Eddy Montilla.

Vivir eternamente se antepone a cualquier otro deseo y, al ser humanamente imposible, nos contentamos con extender nuestra vida lo más posible. No resulta coincidencia, pues, que diferentes organizaciones internacionales, como la OCDE (países de Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), por ejemplo, presentan siempre sus clásicos rankings internacionales de esperanza de vida, la cual es calculada tomando como parámetro su antítesis: la muerte. Esto resulta normal, pero lo normal no siempre es lo correcto, sino lo lógico y lo lógico, a nuestro juicio, debería ser que se tomara en cuenta además de la muerte, la vida misma, dicho más claramente, en qué condiciones de vida y salud física y mental están viviendo esas personas longevas.

Sin mucho temor a equivocarnos en nuestra hipótesis, me imagino a aquellos encargados de hacer esas clasificaciones recibiendo datos de países y usando un ordenador desde la comodidad de su oficina. Luego, nos dirán, por ejemplo, que Japón continúa a la cabeza en ese renglón. Ahora bien, ¿han visto esos encargados cómo y dónde viven muchos de esos japoneses longevos? Es muy probable que no.

Pienso que usted no querría ni podría entrar en un hogar de ancianos o en un hospital en Japón. Tampoco le recomiendo la experiencia porque sencillamente el escenario es absolutamente deprimente: personas postradas sin poder moverse ni hablar y gimiendo constantemente por dolor. Pasan todo o casi todo el tiempo en una cama, muchos de ellos conectados a máquinas. Como ya perdieron su habilidad motriz, son “artificialmente alimentados” a través de un tubo con la cantidad perfecta de líquido nutricional (Racol) que les permitirá mantenerse con “vida” hasta por más de una década. Al principio, algunos familiares irán a verlos una vez por semana por una hora. Después de cansarse, una vez al mes (y por menos tiempo) y luego, cada tres o seis meses, una vez al año y hay quienes solo irán el día que reciban un eufemístico mensaje informándole que es mejor venir al hospital lo más pronto posible. Al final, en las exequias, luego del crematorio, habrá un banquete, comerán, beberán y alguien dirá: “El abuelo vivió largo tiempo”.

En términos matemáticos, la anterior expresión es cierta. En términos de vida real no tiene cabida, ya que esas personas están biológicamente vivas y funcionalmente muertas. La longevidad cuando se está casi en una fase casi vegetativa es absolutamente dudosa. Ahora bien, ¿por qué ocurre eso? La razón tiene poco que ver con ideas religiosas si tomamos en cuenta que en ese país asiático las personas rezan en promedio 20 segundos más o menos, generalmente en Año Nuevo. Entonces, en su mundo práctico, lo que importa es aferrarse a la vida y, por tanto, que esa persona siga respirando. A eso hay que añadir el papel importante que juegan los negocios, puesto que gracias a cada uno de los respiros de esos abuelos, se mueven millones de yenes al día de compañías relacionadas al cuidado de ellos.

Pienso que la situación de esos longevos en Japón es parecida a la de otros países desarrollados aunque sin duda en una proporción menor, lo cual nos indica que hay que cambiar de enfoque con respecto a esas clasificaciones sobre esperanza de vida para que se ajusten a la verdadera realidad. Que no sea la edad que tenía una persona al momento de morir lo que decida solamente, sino que hay que incluir también hasta qué edad pudo esa persona realizar una función productiva y, en el peor de los casos, hasta cuándo se pudo al menos mantener algún tipo de comunicación con esa persona. De lo contrario, tal vez sería mejor vivir los 70 años de vida alegre de esas personas en Latinoamérica, por citar un ejemplo, que esos 80 y tantos años de las personas de los países ricos de OCDE con los últimos 10 años mirando el techo blanco en un hospital u hogar de ancianos o mirando por la ventana la calle que los llevará algún día al cementerio.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

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ESPAÑA: Carles Puigdemont lanzó la piedra y escondió la mano

19 noviembre, 2017

Por Eddy Montilla.

Durante su larga historia, España ha visto casi de todo: desde grandes artistas y escritores hasta un dictador disfrazado de nacionalista. Lo que esa bella tierra nunca, nunca imaginó era que iba a ver su democracia tambalearse y también desestabilizada por un “político” inestable con características desestabilizadoras: Carles Puigdemont.

Desde que Cataluña empezó a coquetear con la idea de independencia, la posición de su presidente, Puigdemont, fue la de amagar y no dar, dar sin reír, un pellizquito y echar a huir, como el juego de niños que los que tienen más de cuarenta años jugaron por lo menos una vez. La gran diferencia es que proclamar una independencia no es un juego y la crisis política que produjo tiene gran repercusión económica dentro de España y hasta fuera, en Europa.

Las curvas creadas por las acciones de Puigdemont con cada paso que tomaba no permitieron nunca “el crecimiento lineal” que necesitaba Cataluña si quería realmente concretizar sus ideas independentistas. En Cataluña amenazan con la independencia sin declararla, luego la declaran sin sostenerla, y mientras los ingenuos y creyentes se quedaron en primera fila de guerra en tierra española para defender su independencia so pena de terminar en la cárcel, Puigdemont y su círculo salieron corriendo cuando vieron que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, no estaba para tenderles un ramo de olivo con la aplicación del artículo 155. Los medrosos que actúan según su propia característica no son juzgados con severidad, sino con misericordia, porque uno sabe de qué adolecen. Pero, ¿cómo juzgar a aquellos que en apariencia rugen como leones feroces y cuando llega el momento de la verdad se les ve como perritos asustados con el rabo entre las piernas y huyendo de lo que ellos mismos crearon?

Presentarse a las elecciones ahora es igual a echar por lo borda la independencia que proclamaron y significa también admitir que su acción fue un puro cuento de hadas con un final triste. Si la sensatez impera, no se puede hablar de independencia en Cataluña durante laaaargo tiempo, o quizás ya nunca. A aquellos partidarios de la independencia, solo les queda contarles a sus futuros hijos o nietos como cuento para dormir cuán cerca estuvo Cataluña una vez de convertirse en un país y cómo actuaron sus dirigentes políticos. Ahora, lo mejor para el futuro de Cataluña y de España en sentido general es dar por cerrada esa situación encerrando en el olvido a los que crearon el caos político. El nombre de Carles Puigdemont quedará sin duda en la historia de España, pero no como el de Cervantes, Goya o Gaudí, sino para ser recordado como el político que tiró la piedra y escondió la mano y luego salió corriendo.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

Foto: cortesía de Convergencia Democratic bajo los criterios de Creative Commons (FLICKR 19-11-2017) .

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Las ideas de Jesús (3): sobre el dolor y el sufrimiento

3 noviembre, 2017

Por Eddy Montilla

Jesus

Cuando era niño, mi hermano peleaba a veces con chicos de la escuela y la vecindad, muchos de ellos mayores que él. A veces llegaba a casa con algunos moretones, pero sonriente por su valentía. Contradictoriamente con esto, casi nunca iba al dentista. ¿La razón? Tenía miedo al dolor de la aguja. En otra historia, mientras practicaba el subjuntivo, una estudiante japonesa me dijo una vez lo siguiente: “Quiero que mis padres mueran sin sufrir”. Ambos casos se relacionan en el hecho de que, independientemente de la nacionalidad y convicción religiosa, el dolor y el sufrimiento son probablemente las dos cosas que más preocupan a la gente.

Puesto que los ejemplos son para aprender, veamos la forma como Jesús enfrentó el dolor y el sufrimiento y aprendamos de él. ¿Y por qué de Jesús? Porque ya desde el vientre de su madre, tenía que estar corriendo para escapar de la muerte. Nació en un establo junto con animales y sus excrementos (la Biblia no lo dice, pero un establo no vende perfumes ni se caracteriza por el buen olor tampoco). Además, fue ideológicamente incomprendido, torturado y asesinado sin culpa. Entonces, ¿quién puede enseñarnos mejor lo que es el dolor?

1. El dolor es una prueba con recompensa: los momentos de dolor y de sufrimiento son pruebas que templan tu espíritu y tus pensamientos. Te dan experiencias y estas te hacen más fuerte y sabio. Si estás pasando por un momento difícil, no olvides que tarde o temprano tu recompensa vendrá. Muchas veces no podemos entender eso porque el sufrimiento mismo nos hace ver solamente el lado de la pared que está más cercano, es decir, el dolor que sentimos y no nos deja ver la otra parte que está detrás de la pared, o sea, la recompensa que recibiremos al final. Nadie se queda sin recompensa después de cargar con su prueba de dolor y sufrimiento. Observa la vida de otros que han sufrido igual o más que tú: Nelson Mandela, 27 largos años en prisión sin ser culpable, Louis Braille, no vidente desde los cinco años o Juan Pablo II, cargando sobre sus hombros día tras días su enfermedad de Parkinson. Y mira sus recompensas: gracias a Mandela, gran parte de África cambió hacia la libertad; con Braille nació el sistema de escritura que existe en casi todo el mundo y que ha ayudado a millones de personas no videntes a poder leer. Juan Pablo II ha sido uno de los más grandes mensajeros de la paz que el mundo ha visto en las últimas décadas. ¿Y sobre Jesús? Bueno, ese señor iba caminando voluntariamente hacia una ciudad donde le esperaban latigazos y la muerte y al final cambió la historia del mundo: antes y después de él.

2. Tú no estás solo en tu sufrimiento: nadie está libre de sufrimiento. En un menor o mayor grado, todos sufrimos. Lo bueno es que no estamos nunca solos ni siquiera cuando nadie está a nuestro lado porque siempre recibirás consuelo y fuerza para seguir hacia delante de aquellos que en el pasado también sufrieron igual que tú y que vencieron igual que tú lo harás.

3. El dolor y el sufrimiento abren las puertas a la alegría al final del camino: cada quien recibe según sus capacidades. Cuando dentro de lo más profundo de nuestro dolor y sufrimiento miramos hacia los lados y vemos a otros que parecen no sufrir nada, casi siempre nos preguntamos: ¿Por qué a mí? Mira a él o ella. ¿por qué me ha tocado lo más difícil? La respuesta es que tú eres más fuerte que él o ella o que ambos juntos, tú eres más fuerte para poder sobrellevar los problemas. Dios sabe que si esa misma prueba hubiera recaído sobre otros, se habrían roto en “en mil pedazos” como el cristal más fino. No puedo pedirte que “estés alegre con tu dolor”, pero que lo mires desde otra perspectiva. Carga con tu cruz, con tu sufrimiento y véncelo. Ayuda también a los que no son tan fuertes como tú en su dolor. Y si en un momento vacilas, pierdes las fuerzas y un poco la fe, carga tus baterías haciendo una parada para leer lo que Jesús dijo una vez: “Vengan a mí los que se sientan cansados, que yo los haré descansar”.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

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ESTADOS UNIDOS, donde cada masacre por tiroteo le da la bienvenida a otra peor

9 octubre, 2017

Por Eddy Montilla

En Estados Unidos, poseer un arma de fuego es como el Super Bowl, parte de la cultura, pero con la gran diferencia de que el segundo trae diversión y el primero trae dolor y muerte. Se dice que esa característica casi obsesiva de los norteamericanos de poseer armas tiene su origen en los inmigrantes que llegaron desde Europa, quienes al sentir ausencia de autoridad, optaron por defender a sus familias ellos mismos. Lo que esas personas nunca imaginaron fue que las armas llegarían a ser tan letales como los son hoy en día ni que podrían adquirirse tan fácilmente en una simple tienda comercial como si se tratara de la compra de algún artículo para el hogar.

Ya han pasado muchos años desde el tiempo de aquellos pobladores y, por lo tanto, si la situación relacionada con la muerte por armas de fuego todavía no ha sido resuelta, es a la generación actual a la que se le debe pedir cuentas. Los dirigentes del gobierno y la población han fracasado en sus intentos de reducir las muertes provocadas por balaceras. El caso del rico, jugador empedernido, inversor inmobiliario y ahora famoso asesino masivo, Stephen Paddock en Las Vegas pone de manifiesto que los tiroteos masivos en Estados Unidos están cerca de convertirse en una situación incontrolable. Si los 58 muertos y los cientos de heridos que la cruel acción de Paddock provocó son una gran tragedia, peor es lo que está por venir, algo que se deduce precisamente de la cantidad de armas que fácilmente compró y de la enorme cantidad de víctimas que estas pueden producir.

La venta de armas para Estados Unidos siempre ha sido un negocio lucrativo tanto dentro como fuera del país, por lo que no es necesario explicar cómo pudo Paddock comprar 23 armas potentes, muchas capaces de disparar constantemente cientos de balas por minuto y poder matar a una distancia de 400 yardas (365.76 metros). De no haber estado involucrado antes en actividades criminales muy serias, la única restricción para comprar un arma es, pues, la cantidad de dinero que una persona pueda tener y, en el caso de Paddock, él tenía mucho de esto. Al Gobierno, a los vendedores de armas y aquellos que abogan por estas como defensa, sería bueno preguntarles si una persona necesita 23 armas potentes para defender a los miembros de su familia y para qué se les paga un salario a los policías.

Estados Unidos ha visto más de 200 tiroteos masivos en la última década. Pero lo que debería poner a la gente a pensar seriamente sobre ese problema no es precisamente ese largo tiempo de tragedia, sino más bien la forma como es visto y enfrentado. Esa última década es mucho más que una larga historia de personas muertas a balazos, es solo el preludio, los primeros partos de dolor de problemas mayores que se avecinan sobre ese país. ¿Por qué? Porque ahora los intervalos entre un tiroteo masivo y otro se hacen cada vez más pequeños y lo que es peor, el número de asesinados es cada vez más grande. Y si usted no cree nuestras deducciones a partir de los hechos, por lo menos créanos a partir de los números: desde el año 2010 los tiroteos masivos han ocurrido anualmente dejando víctimas que superaron siempre la decena (salvo el año 2014). A partir del año 2015 los tiradores no simplemente quieren matar, sino superar en víctimas al tirador anterior.

Como en casos anteriores, después de cada tiroteo masivo, la gente comenta, el presidente visita y después de unas semanas, basada en su característica del “move forward” (seguir hacia adelante), la sociedad norteamericana olvidará a Paddock y también el problema inconcluso de las armas fuego hasta que venga otro sádico o enfermo que rompa su récord de asesinatos. Y como cada asesino masivo alimenta las ansias de sangre del mayor número de muertes que produjo el asesino anterior, ya es solo, pues, cuestión de tiempo.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

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La República Dominicana: sol brillante y políticos de cera

23 septiembre, 2017

Por Eddy Montilla

Desde la década de los sesenta, la República Dominicana ha visto a muchas personas ordenando y gobernando, pero solo ha tenido tres líderes que se pueden llamar a la vez políticos. El primero forjó su carácter con una mezcla de bondad y endeblez. Ya en los últimos años de su vida, la política dominicana se había convertido en una jungla, y en la jungla, ni los buenos ni los débiles sobreviven: así murió José Francisco Peña Gómez. El segundo, fue un gran teórico y visionario, muy a la vanguardia de sus contemporáneos. Por eso, fue malentendido, menospreciado y hasta subestimado. Me refiero al profesor Juan Bosch. Y el tercero era el más pragmático de los tres, lo cual explica por qué excedió en poder a los otros dos. Pero el poder sin límites y en demasía termina corrompiendo hasta a los más incólumes. Eso sucedió con Joaquín Balaguer quien pasó de disfrazado servidor de dictador en la era de Trujillo a convertirse en dictador disfrazado.

Lo que resulta contrastante de estos tres políticos en comparación con la generación que los sucedió es el desapego por lo material que ellos tuvieron. Peña Gómez y Bosch podrían ser muy bien tildados de caudillos; Balaguer, de pichón de dictador, pero no creo que puedan ser juzgados como desfalcadores del erario para provecho económico personal. Hoy, cuando se escucha el clamor resonante del pueblo, hastiado de tanta corrupción ante la expresión sórdida de sus gobernantes, hay que preguntarse: ¿dónde se ha fallado? Cuando se ve a la gente inventando nuevas formas de protestas como el Libro Verde por el Fin de la Impunidad, la Marcha Verde y otras tantas que con otros colores seguro vendrán, hay que preguntarse: ¿por qué se ha fallado?

El más reciente de los males salidos de la caja de Pandora dominicana en términos de corrupción fue el caso Odebrecht, quizás el peor caso de corrupción internacional conocido hasta ahora entre los países latinoamericanos, no solamente por la magnitud del dinero y países involucrados, sino también por su modalidad: fiestas con mujeres para políticos como forma de agradecimiento y/o extorsión, según publica un diario español a raíz de las declaraciones ofrecidas por Rodrigo Tacla, exempleado de la compañía Odebrecht. Eso debe servir como parámetro para evaluar la generación de políticos actuales. Y que no vengan con el cuento de haber pecado por ingenuidad, pues, ¿por qué dejaría una compañía tan grande como Odebrecht su sede en Brasil para venir a instalarse en un país tan pequeño como la República Dominicana? ¿para mostrar sus lazos de hermandad? A los tontos con tonterías.

La economía dominicana ha sido floreciente por casi dos décadas y lo único que se ha conseguido con eso es “una floreciente millonada de personas viviendo en la pobreza”. La República Dominicana necesita urgentemente un cambio de generación de políticos, algo que obviamente no es tan fácil, porque los que tradicionalmente han dirigido el pueblo (desde el gobierno o fuera de este) no están dispuestos a ceder su cuota de poder por pequeña o grande que sea. Ellos son “los políticos electricistas” que conglutinan seguidores y perpetúan su autoridad mediante conexiones basadas en dádivas que quebrantan pestañas.

El país tiene que crear una nueva generación de políticos, educados y, sobre todo, libres de pobreza mental y económica para que no se repita la misma historia de siempre: que el oprimido de ayer, una vez tomadas las riendas del poder, se convierte en el opresor de mañana. Los dominicanos ya han dado un paso al frente con sus protestas contra esos políticos de cera causantes de tantos males al pueblo dominicano y que se derriten cuando les da el calor que emana de la palabra honradez. Ahora, hay que dar el segundo paso: nuevos políticos para nuevos tiempos.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

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Cuando la pedagogía moderna no funciona en la educación de tus hijos…

19 septiembre, 2017

Por Eddy Montilla

Encontrar un buen método para educar a los niños siempre ha sido un dolor de cabeza y prioridad a la vez para los padres, y básicamente por dos razones: primero porque se quiere lo mejor para ellos y segundo porque trabajar y cuidarlos no es tarea fácil. Entonces, si la parte relacionada con su educación va bien, al menos se aligera la carga. De los pedagogos, sicólogos y otros expertos, siempre nos llegan algunas nuevas ideas sobre cómo educar a los hijos, algunas que nos están ayudando y otras que simplemente nos están envenenando. Y como el veneno es más fuerte que la ayuda ya ustedes saben a dónde llevar las flores.

¿Y cuál es el veneno? Estamos cayendo en una especie de debilitamiento emocional sobre cómo educar a los niños, especialmente en la casa. Mis padres tuvieron 7 hijos y los criaron con gran amor familiar, pero bajo las normas del respeto y autoridad. Pero el otro día, al preguntarle a una chica boliviana sobre su bebé, me respondió: “Ahí está, y es el primero y el único que voy a tener porque es… ¡demasiado trabajo criar a un niño!” No se formen juicios todavía, pues este ejemplo es solo un aperitivo, así que dejen espacio en su estómago para el plato fuerte:

Hace dos días me dice una madre en Japón que su hija no puede levantarse de la cama e ir a la escuela, pero que el problema no es su salud física. “Es una enfermedad que hay ahora y algunos niños no pueden levantarse para ir a la escuela”. Me dijo. Lo que puedo ver aquí es que la situación sobre la educación infantil se ha tornado crítica, pues el problema se ha vuelto internacional. Y su caso me hizo recordar a mi abuela, cuando supo que mi hermano mayor llevaba dos días de ausencia en la escuela porque no podía levantarse de la cama para ir a estudiar (usando el recurso literario de la ironía: cualquier parecido a esa “nueva enfermedad” es… ¡pura coincidencia!)

La solución de mi abuela para el problema de mi hermano fue tan simple y natural como la vida misma. Fue a nuestra habitación, yo cerré los ojos y sin usar otra cosa que sus manos, le dio a mi hermano un par de manotazos en las nalgas, la misma cantidad en el vientre y después le dijo: “como no puedes acostarte ahora ni boca arriba ni boca abajo, es seguro que vas a poder irte derecho a la escuela ahora mismo, mi querido Frank”. Esas cuatro manotadas no mataron a mi hermano, ni le dejaron cicatrices ni pusieron en peligro su vida. Solo hicieron una sola cosa: obligarlo a cumplir con su deber de niño, el deber de estudiar, y gracias a esto, ese niño, convertido hoy en un padre de familia, tiene un puesto gerencial en una empresa. Y como las historias se difunden rápidamente en los pueblos, cada vez que un niño no quería ir a la escuela, su madre le decía que iba a llevarlo donde la abuela de la esquina, con lo que el problema quedaba resuelto y el niño se iba directo a estudiar sin rechistar. Esas manotadas se hicieron célebres y ayudaron a muchos niños más en mi pueblo.

No estoy defendiendo el castigo corporal, pero sí defiendo la idea del castigo en otras posibles formas (sin ver la tele, sin postre, etc.) porque el castigo per se es vital para enseñarle al niño cómo afrontar la vida. El castigo lo aleja de las conductas indeseables, le enseña que se paga un precio por los errores y con esto, el niño aprende a crear mecanismos de prevención para no cometerlos. Y en el peor de los casos, un par de manotazos (¡más suaves que los de mi abuela!) no matan a nadie, pero sí ponen a un niño en el camino del entendimiento. Pero estas ideas están desfasadas, según los pedagogos del momento y no tienen cabida dentro de la educación infantil actual. ¡Bravo! ¿Y qué hemos conseguido con todo eso? Niños manipulando a sus padres, amenazándolos con llamar a la policía si son “tocados” (EE. UU.), niños que ni siquiera pueden ver la simple foto de un insecto en la portada de un cuaderno o en su libro de ciencias porque sienten repugnancia (Japón) y muchos otros casos más en otros países. Basados en un concepto malentendido y definido como “No queremos que nuestros hijos sufran lo que nosotros sufrimos antes”, los padres están haciendo un gran daño a sus hijos. Y en cuanto a nuestros pedagogos y educadores, hagamos honor a la verdad: con nuestra forma de educación infantil actual, lo único que estamos consiguiendo es una generación de niños mimados, mocosos y espiritualmente endebles para su desgracia y la de sus padres también.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

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