Lecciones de la vida: la lección del abrazo

14 julio, 2017

Por Eddy Montilla.

Ayer, en pleno centro de la ciudad, vi a una madre alejarse un par de metros de su hija pequeña para luego llamarla y fundirse ambas en un abrazo. Un ejemplo sublime de lo que es el amor sublime maternal. De regreso a casa, al caer la tarde, me encontré con una situación completamente opuesta a la primera historia: una madre diciéndole a su hijo de unos 12 años lo siguiente cuando este la asió de un brazo: “¡No me toques! Kimochi warui (¡Eso es desagradable!). Lo primero que llegó a mi mente en ese momento tenía forma de pregunta: ¿Cómo puede una madre negarle un abrazo o una caricia a un hijo?

Desde muy niño, he vivido en un ambiente forjado por la diversidad cultural y, por esa razón, trato de sopesar las cosas desde el lugar y punto de vista donde suceden en vez de evaluarlas desde mi propia cultura. En Japón, por ejemplo, (y en otros países asiáticos también) el contacto físico es casi imperceptible y el nivel de extensión de lo que serían las relaciones familiares y los miembros de la familia es tan reducido como lo que podrías sostener con dos dedos. La costumbre, los ojos de las otras personas, el qué dirán y la aceptación cuasiobligatoria de normas sociales sin derecho a réplica tuvieron sin duda gran influencia en la decisión de aquella madre.

En mi casa me puse a pensar las veces que he regresado a mi país y las dificultades que tenían los policías del lugar para disuadir a un hombre muy mayor de que esperara detrás de la línea de salida hasta que los viajeros salieran. Ese hombre, al ver a su hijo, un hombre mayor también, corría para abrazarle y besarle, y cuando los policías trataban de hacerle entender la situación, él les respondía como si fueran ellos los que no entendieran: “es que ese es mi hijo que ha llegado… ¡Y tengo que abrazarlo! Ese hombre mayor es mi padre y su hijo es, por tanto, quien les escribe a ustedes.

No juzgué como buena ni mala la acción de aquella madre japonesa que le negó el abrazo a su hijo. Lo único que hice fue dormir muy alegremente pensando en mi suerte no solo por el tipo de familia que tengo, sino por el tipo de relación que llevamos todos, pues nacimos, crecimos y moriremos mostrando por dentro y por fuera lo que es, a nuestro juicio, el significado del amor familiar a través de su mejor símbolo: besos y abrazos a la familia.

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Lecciones de la vida: la lección del autor

23 abril, 2017

Por Eddy Montilla.

Esta mañana, mientras buscaba una información en una página web, noté que su autor utilizaba casi un 40 por ciento de la página de inicio para hablar de sí mismo en su sección sobre el autor: “yo he hecho esto y lo otro. He ganado este premio y el otro. Mi página web es esto y otras cosas más”.

Nota que quien escribe también tiene una sección sobre el autor. Pero, ¿qué encontrarás allí sobre mí? Una sola oración compuesta de apenas cinco palabras que, por cierto, tal vez sea la más extraña que hayas leído.

No sé por qué, pero después de hojear lo que ese señor escribió sobre sus méritos, lo primero que me llegó a la cabeza fue el día de mi graduación en la Universidad. el Rector pronunció mi nombre y me pidió que pasara a la tarima para regalarme un anillo de graduación por razones que todavía hasta el día de hoy no las he podido entender. Según la Universidad, por alto rendimiento académico. Según mi parecer, un absoluto absurdo, pues para qué premiar a un estudiante por estudiar si ese es precisamente su trabajo.

“No necesito ni quiero eso”. Susurré, pero fui a recibirlo porque uno puede ser tan extraño como desea serlo, pero debe actuar tan normal como la gente espera para librarse así de muchos problemas. Luego, al llegar a mi casa, en mi habitación, tiré el anillo dentro de una caja vieja de zapatos donde ha estado “descansando en paz” desde entonces. Lo mismo ha sucedido con muchos otros premios más. Eso le da una idea del poco interés que le presto a los premios y lo que generalmente hago con ellos cuando me veo forzado a recibirlos.

Tal vez debería admitir que yo pertenezco a la “vieja escuela” y los tiempos son diferentes hoy en día. La búsqueda de la fama y el reconocimiento público son el motor que mueve a muchas personas en la actualidad, y por esas cosas, son capaces de hacer desde sandeces hasta locuras. Aléjate de todo eso. No nacimos para ser millonarios ni ricos, sencillamente porque eso resta valor a la grandeza de la vida misma. Lo que has conseguido se torna en algo inmerecido si no demuestras lo que has hecho por aquellos cuyas precarias situaciones económicas y sociales no les permiten luchar en condiciones similares a las tuyas.

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Lecciones de la vida: la lección del cine

4 marzo, 2017

cinema

Por Eddy Montilla.

La chica que trabajaba en el cine tomó el micrófono, me miró muy amablemente y dijo: “señoras y señores, la película está a punto de empezar. Pueden pasar a la sala”. Luego, yo miré hacia ambos lados y solo había dos personas: ella y yo.

     No, usted no se ha equivocado al leer. Fue exactamente así, yo era la única persona que estaba en el cine en ese momento. Puse las palmas de mis manos detrás de la nuca y me llegó a la memoria mi primera asignación en la primera clase de cinematografía. “Tienen que ir al cine de la universidad y ver esta película”. Nos dijo el profesor. Quizás, para muchos de ustedes, es una asignación un tanto extraña, pero para algunos de nosotros no, porque parte de nuestras vidas cambió después de eso, pues empezamos a entender el valor de un filme.

     Un filme no es un simple producto de entretenimiento. Es mucho más que eso: es una representación visual de nuestros problemas y situaciones de la vida. Las películas a lo largo del tiempo, me han enseñado tanto como lo hicieron mis profesores y catedráticos. Y hoy, estoy plenamente convencido de que una palabra, una imagen, un gesto o una simple escena vista en el cine puede ser suficiente para encontrar una clave que nos ayude a resolver nuestros propios problemas, incluyendo los más agobiantes. Hoy, la gente se divierte tanto como la gente lo hacía hace 20 años. La diferencia, sin embargo, es abismal: la calidad de la diversión. La gente se entretenía, se divertía y al mismo tiempo aprendía. En nuestra “vida moderna”, las personas pasan las horas en frente de un teléfono inteligente pasando de un sitio web a otro sin ni siquiera saber el porqué ni saber tampoco lo que están buscando.

     Al llegar a la casa esa noche en la cama, tuve una sensación agridulce, una mezcla de alegría y tristeza: alegría por la forma como soy y tristeza por la dirección en la que va el mundo.

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Lecciones de la vida: la lección del ajedrez

30 agosto, 2016

Por Eddy Montilla.

CHESS

Mi padre me enseñó a jugar al ajedrez a una edad tan temprana que ni siquiera recuerdo el justo momento. Desde entonces, he aprendido muchísimas cosas de este increíble juego que es a la vez arte y también ciencia, cosas que muy bien pueden aplicarse a la vida diaria. Por ejemplo, he aprendido a ser paciente, a no forzar la situación y esperar hasta que llegue el mejor momento para ir hacia adelante. He aprendido a moverme acorde con las circunstancias, a buscar la mejor respuesta analizando todas mis posibilidades.

    En ajedrez, dependiendo del número de victorias y derrotas, cada jugador tiene una puntuación que lo coloca en una determinada categoría. En mi caso, pienso que soy un jugador mínimamente más arriba de lo promedio (clase B, categoría 2). La semana pasada, estuve jugando al ajedrez por Internet y cada vez que mi oponente tenía una puntuación inferior a la mía, me sentía como un león de la selva rugiendo amenazante como señal de dominio de mi territorio. Sin embargo, y pese a mi frecuente optimismo, cuando mi oponente tenía una puntuación mayor, me sentía como un perrito con el rabo entre las piernas.

    Últimamente, he estado tratando algo diferente: oculto el nombre, la nacionalidad, y sobre todo, la puntuación de mi oponente y solo dejo a mi vista el tablero de ajedrez. Miren qué cosa más curiosa: he llegado a ganar hasta cinco partidas de ajedrez consecutivamente. Hoy, para mi gran sorpresa, cuando vi mi puntuación, noté que estaba en 1950, es decir, clase A, y hasta pude derrotar (no me pregunten cómo) a dos jugadores de más de 2000 puntos, es decir, jugadores con el título de expertos. Ahora, jugar en contra de ellos no me llena más de miedo. Y esa fue la gran lección que aprendí del ajedrez: Usted no se imagina lo que es capaz de hacer, cuán lejos puede llegar una vez que gana confianza en sí mismo y pierde el miedo. Hasta ahora, creo haber escrito más de mil historias sobre diferentes temas, y sin duda, esta es la más aburrida (no tiene que recordármelo), pero al mismo tiempo, es la que tiene más autoridad para hablar, pues fue probada por mí mismo y los resultados son ostensibles. Controla tu miedo, gana confianza en ti mismo y verás como muchas cosas que antes parecían imposibles, estarán de repente jugando en tus manos.

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Lecciones de la vida: El niño y las camelias

29 febrero, 2016

Por Eddy Montilla.

CAMELIA

Cuando salí de la casa, toda la ciudad estaba cubierta por un manto de nieve. El tren había parado, los autobuses circulaban tan lentamente que podía fácilmente ir más rápido caminando. Y en UN panorama frío y ventoso, me encontré a un niño, a pocos minutos de estar tarde para llegar a la escuela, removiendo la nieve que estaba sobre unas camelias. Ni la idea de llegar tarde ni la aspereza del clima, pudieron disuadirlo de su inocente misión. En niño hablaba con las flores y las cuidaba de la nieve en tanto que los “inteligentes adultos” miraban su reloj cada cinco minutos aterrorizados, o petrificados tal vez, por la idea de llegar un par de minutos tarde a sus respectivos trabajos.

     Recuerdo que el otro día escuché a un dirigente de béisbol decir algo como así: “El problema de los jugadores de hoy en día es que quieren jugar siempre como hombres, y no dejan resquicio alguno para jugar como niños”. Y cerca de mi lugar de trabajo, hay un pequeño restaurante que saluda a sus clientes con en el siguiente mensaje: “No dejamos de jugar porque estamos viejos; estamos viejos porque dejamos de jugar”. Si le preguntas a un niño si puede cantar o bailar, no responderá que sí, sino más bien, te lo demostrará cantando y bailando. No intentes hacerle la misma pregunta a un adulto, pues arremeterá contra ti al pensar que lo que quieres es ponerlo en ridículo en frente de otras personas.

     Desde el mismo primer momento en que tú dices orgullosamente que eres “un hombre”, “una mujer” y te comportas 100 % como tal, es decir, dentro de los parámetros rígidos que los adultos tienen, tu vida empieza a flotar en un mar de prejuicios e inhibiciones. Sé un hombre, sé una mujer, pero conserva un poco de niño también dentro de tu corazón porque ambos periodos de la vida no son contradictorios, sino complementarios, y por tanto, juntos harán de tu vida algo mejor.

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Lecciones de la vida: La lección del comediante

4 febrero, 2016

Por Eddy Montilla.

COMEDIANTE

Fui a Tokio para ver un museo de cera y las figuras parecían tan reales que a veces me daba miedo mirarlas de frente. Cerca del museo hay una estación de televisión y, como periodista, sentí interés en saber cómo se conducían los programas en este país. No sé por qué, pero me llamó más la atención un par de comediantes que actuaban al lado del canal de televisión en una función no televisada. Uno de ellos encontró la forma de decirme en inglés que él era el comediante número uno de Japón.

     Lo dijo en broma. Yo estaba en frente de dos comediantes aficionados tratando de conseguir un chance en el difícil mundo del espectáculo, y que por cierto, no habían empezado muy bien, pues su público apenas alcanzaba las 20 personas. Durante el tiempo que duró la función, dos niños y una madre se rieron. Las demás personas tenían cara de “¿qué yo estoy haciendo aquí?” o preguntaban discretamente quiénes eran esas dos personas.

     Al terminar el espectáculo, dejé el lugar mientras miraba detrás del escenario a un norteamericano que saludaba a los comediantes diciéndoles: “¡Buen trabajo!”.

     En aquel saludo, yo pude apreciar una importante lección: No mates los sueños de las otras personas. En Japón, un país donde la sobriedad tapa todos los resquicios por donde una sonrisa podría pasar, ser un comediante es una tarea titánica porque los chistes están muy enmarcados: deben ajustarse a los cánones de conducta, moralidad y cultura de los japoneses. Desde que yo era un niño, hacer reír a otras personas ha sido uno de mis grandes placeres. Pienso que yo sé cómo hacerlo y sé también cuán difícil es. Por eso, sé también que esos dos comediantes probablemente nunca llegarán a ser famosos. Tal vez, ni siquiera tengan la oportunidad de presentarse en un programa de televisión. Pero ellos estaban tratando duro, estaban esforzándose en cuerpo y alma en algo que realmente querían hacer, y para hacer eso, en las condiciones actuales de nuestra sociedad, se necesita más que agallas. Cuando llegas a comprender el valor de eso, entiendes que poco importa si son famosos o no.

     Cuando matas los sueños de una persona, una flor muere, alguien es lastimado y llora. Anima siempre a las personas en vez de desanimarlas. Y si tú no tienes la virtud para hacer eso, entonces, ten por lo menos suficiente dignidad como para quedarte callado.

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Lecciones de la vida: La lección de las nubes grises

20 enero, 2016

Por Eddy Montilla.

NUBES-GRISES

Esta maña me levanté temprano como de costumbre para ir al trabajo. Generalmente camino un par de kilómetros antes de tomar mi bicicleta o el tren que me llevará a la oficina. Últimamente amanece tarde, y esta mañana en particular, cuando miré hacia el cielo, estaba cubierto de nubes grises por todas partes, nubes mustias que restaban alegría al día que estaba empezando a nacer. De pronto, en el horizonte, divisé una luz ambarina casi imperceptible. A medida que avanzaba, la luz se hacía más grande y más hermosa. Seguí avanzando y el sol ya había salido: había empezado un nuevo día.

     No pude evitar hacer un paralelismo entre esa escena y la vida misma (¡y pensando en todo eso, se me fue el tren!). ¡Cuántas veces la vida nos ha golpeado duro, pero realmente duro, hasta un punto en que solo vemos nubes grises y un triste final! Es que siempre olvidamos fácilmente esa bella luz que tarde temprano, queramos o no, saldrá para indicar no solamente que empieza un nuevo día, sino también para enseñarnos que al final todo se arreglará, que todo saldrá bien. Solo hay que seguir caminando, seguir hacia adelante.

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