Lecciones de la vida: la lección de la culpa

1 mayo, 2018

Por Eddy Montilla.

ERROR

Hoy, camino al trabajo en bicicleta, tomé un camino diferente y casi al llegar a la esquina vi a dos madres hablando placenteramente mientras sus hijos jugaban a menos de dos metros de ellas. Uno de los niños empezó a mover sus manos y cuerpo alegremente, lo cual encendió la luz de mi alarma mental, porque después de la risa de un niño siempre viene el echarse a correr impetuosa y descuidadamente. Y así fue. Estaba casi llegando a la esquina cuando el niño se lanzó a la calle sin mirar. Todo ocurrió demasiado rápido y las madres estaban muy distraídas como para poder reaccionar a tiempo. Para mi suerte y la de los chicos también, yo venía previendo que algo así podía suceder, así que al final el niño terminó a menos de dos centímetros del frente de mi bicicleta después de un buen frenazo.

“¡Cuántas veces te he dicho que no corras!” Le dijo la madre enfadada. Luego me miró, me pidió perdón y buscando una forma de compensarme por lo sucedido, le dio un tremendo manotazo a su hijo por la cabeza, queriendo decir con ello: “Como usted puede ver, ya estamos a mano”.

Les sonreí a todos y me fui pensando en lo sucedido. “¿Hasta qué punto se puede considerar a este niño culpable de su acción?” Pedirle a un niño que no corra, que se esté quieto todo el tiempo es como pedirle al cielo que no llueva porque vamos a hacer una barbacoa en el jardín con muchos invitados. Culpar a otros de nuestros propios errores es fácil; aceptar nuestra propia culpa asumiendo responsabilidades es difícil y por eso terminamos siempre haciendo lo primero y negando lo segundo. Lo peor de aquella situación no fue que aquella madre estaba atribuyendo a su hijo un error que no había cometido, sino que ella ni sentía ni entendía que era su propio error. Si no puedes llegar a la altura que se necesita para admitir tus propios errores, por lo menos no caigas en la bajeza de culpar a otros por ellos.

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Luces y sombras de la guerra de Trump y China sobre impuestos

29 abril, 2018

Por Eddy Montilla.

No había empezado bien el año cuando ya el presidente Donald Trump estaba dando inicios a una guerra que sin ser militar ni religiosa podría dejar cicatrices en millones de personas, no en sus cuerpos, pero sí en sus bolsillos: la guerra comercial de aranceles contra China y Europa. Trump ha ordenado gravar las importaciones de una larga lista de productos que llegan a territorio norteamericano de China con nuevos impuestos y, por lo que se percibe, la lista continuará en aumento hasta conseguir unos 100 billones de dólares en impuestos. Y como a los chinos no les tiembla el pulso para tomar decisiones, responden y responderán con igual fuerza. La pregunta importante es cuán bueno o malo es esta guerra comercial creada por las dos mayores potencias económicas del mundo.

Durante muchos años, la economía china ha crecido a un ritmo que casi rompe lo lógico, y si bien ese crecimiento se debe en gran parte al trabajo duro de esa nación, también hay que añadir dos aspectos sin méritos ni honestidad: la forma poco ética como el gobierno chino ha jugado tradicionalmente con el valor de su moneda, devaluando en forma irreal el yuan para ganar más ventajas en las transacciones comerciales y los aluviones de productos que entran en Estados Unidos sin pago justo de impuestos.

Basado en las frecuentes declaraciones que hace, sobre todo a través de su cuenta de Twitter, se puede deducir que el presidente Donald Trump sabe muy poco sobre el arte de la política y casi nada sobre diplomacia. Pero también seamos justos: ese señor sabe sobre negocios y cómo ganar dinero. De lo contrario, no tendría los millones que tiene. Así que cuando Trump, desde antes de ser presidente en plena campaña atacaba los acuerdos comerciales con China en los que este último se lleva siempre las mayores ganancias debido en gran parte a los bajos impuestos, el presidente señalaba una realidad que otros presidentes no quisieron enfrentar. Esa guerra comercial entre Estados Unidos y China a la que muchos economistas temen y sobre la que el Fondo Monetario Internacional (FMI) a través de su directora gerente, Christine Lagarde, ha advertido por sus impactos negativos en el crecimiento de la economía mundial y en la economía de los consumidores, también podría arrojar algo de luz a la oscura manera como se maneja el mundo económico hoy en día. Para Lagarde es una situación en la que pierden todos. Sin embargo, nosotros pensamos que también es una situación en la que se crea conciencia de un problema que nos afecta a todos.

Si por años China se ha aprovechado del desequilibrio comercial internacional, obteniendo los mayores beneficios, la culpa no es de ese país, sino de los consumidores internacionales que compran productos chinos de dudosa calidad, pero a precios muy bajos en detrimento de las industrias de sus respectivos países. Si las empresas nacionales de muchos países han perdido ganancias con respecto a los productos chinos, la culpa es de estas mismas por vender sus productos a precios sobrevalorados e irse a países como China misma para abaratar costos de producción y aumentar ganancias en vez de fomentar el empleo entre los nacionales.

Como no todas las empresas podrán absorber los impuestos que tanto el gobierno norteamericano como el chino piensan imponer, los productos indudablemente subirán de precio. Tal vez ese sea el sacrificio a pagar para que los consumidores dejen de pensar en forma individualista y protejan en forma colectiva a sus respectivos países. Y cuando estos empiecen a protestar por los altos precios de los productos y a cambiar de gobierno en las elecciones, nuestros líderes tal vez por fin entenderán de que ya es hora de tener un nuevo orden económico mundial y un comercio más justo.

Este artículo fue publicado originariamente en el periódico digital Mundo Y Opinión por Eddy Montilla.

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Foto: cortesía de Daniel Ramírez bajo los criterios de Creative Commons (Flickr, 29-4-2018).


Dime la respuesta: ¿cómo debería responder usted (una persona mayor) a un joven que presume de su propia juventud y se burla de su vejez?

22 abril, 2018

Por Eddy Montilla.

Muy bien podría usted decirle lo siguiente: “La fuerza y juventud que tú tienes hoy, yo también las tuve en el pasado. El momento que vives hoy yo también lo viví. Eso nos pone en la misma balanza: estamos iguales. Pero el problema es que nadie te garantiza que vas a vivir lo suficiente para llegar hasta el lugar donde yo estoy ahora. Así, pues, yo estoy siempre ganando”.

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Curiosidades: ¿para qué tenemos huellas dactilares (digitales) en los dedos?

20 abril, 2018

Por Eddy Montilla.

Las huellas dactilares (o digitales) son protuberancias de la piel que no se alteran con el paso de los años y son únicas para cada persona. Basado en estas características, podríamos bromear diciendo que es la forma inteligente que tiene la naturaleza para poder atrapar a los ladrones por el hecho de poder usarse como medio de identificación. La Argentina, dicho sea de paso, fue el primer país en el mundo en usar este sistema para esos propósitos. La verdadera respuesta, sin embargo, es más seria y las razones de las huellas dactilares son por tanto diferentes.

Gracias a las huellas dactilares, nosotros podemos desarrollar nuestro sentido del tacto. En términos simples, el sentido del tacto es mejorado por medio de las vibraciones. Las protuberancias en los dedos (huellas dactilares) juegan un papel muy importante en ese aspecto porque los niveles de vibración aumentan cuando frotamos los dedos sobre una superficie y, gracias a estas, podemos identificar mejor la textura de los materiales. Otras posibles razones (aceptadas por algunos y descartadas por otros) es que las huellas dactilares ayudan a mejorar nuestra habilidad de agarrar las cosas.

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Curiosidades: ¿cuántas veces por minuto late el corazón de un colibrí?

19 abril, 2018

Por Eddy Montilla.

Mientras que el corazón de una persona adulta (18 años en adelante) late a un ritmo promedio que oscila entre los 60 y 100 latidos por minuto, el del colibrí puede alcanzar los 1 200 latidos. Después de leer esto, lo mejor que tal vez puedas hacer para ganar el amor de la chica que te gusta es simplemente decirle que cada vez que tú la vez, tu corazón late más rápido que el de un colibrí. ¡Buena suerte!

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Foto: cortesía de Gailhampshire bajo los criterios de Creative Commons (Flickr, 20-4-2018).


Curiosidades: ¿cómo se crean los colores en los fuegos artificiales?

18 abril, 2018

Por Eddy Montilla.

FUEGOS ARTIFICIALES

Al final de año, es ya una costumbre ver el cielo iluminado por los brillantes colores producidos por los fuegos artificiales para el deleite de grandes y chicos. Pero, ¿cómo se hace eso?

Con pólvora solamente sería imposible obtener el verde, rojo, azul y otros colores que frecuentemente vemos cuando los fuegos artificiales explotan. Este problema queda resuelto gracias a la presencia de metales y elementos químicos. Para ser más preciso, es gracias a las sales metálicas, que son compuestos químicos producidos como resultado de sumergir un metal en una mezcla de ácido y potasio. Así, por ejemplo, el carbonato de estroncio se usa como agente colorante para producir el color rojo, el nitrato de sodio nos da el amarillo, el cloruro de bario produce el color verde y de esta forma se crean los diferentes colores en los fuegos artificiales.

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Curiosidades: ¿por qué los mosquitos zumban en nuestros oídos y cómo se produce el sonido?

17 abril, 2018

Por Eddy Montilla.

Es la historia típica de cada verano cuando usted está extremadamente cansado, cayéndose del sueño y su cuerpo solo le pide una cosa: su cama. Todo está listo para dormir, apaga las luces y cuando dice “buenas noches” con una amplia sonrisa, un condenado mosquito responde a su saludo con su zumbido que no lo deja dormir. Enciende las luces para matarlo y no lo encuentra. Apaga las luces para dormir nuevamente y se repite la misma acción hasta que llega a un punto en el que no tiene sueño ni deseos de dormir. En ese terrible escenario, aprovechemos la falta de sueño para saber por qué y cómo los mosquitos zumban en nuestros oídos. El zumbido de los mosquitos es el resultado del movimiento rápido de sus alas. ¿Cuán rápido? Pues, estos insectos son capaces de agitar sus alas a un ritmo de 500 veces por segundo o más.

En cuanto a por qué los mosquitos zumban en el oído, esta acción nada tiene que ver con molestarle, sino que es un puro grito y gesto de amor. El sonido del mosquito hembra es más bajo, y por tanto, diferente del sonido del mosquito macho, lo cual ayuda a distinguirse entre ellos de manera que el macho sepa a quién y dónde debe dirigirse a la hora de aparearse. Hay otras ideas sobre el tema, sin embargo, relacionadas con la cantidad de dióxido de carbono que nosotros exhalamos, nuestra temperatura corporal, la humedad, etc., factores que indican a los moquitos la persona que le puede proporcionar sangre sin tener que ir a la Cruz roja ni hablar con Drácula. Cuando los mosquitos son adultos, pueden vivir desde simplemente días (o segundos si usted tiene manos rápidas) hasta varios meses. Entonces, encuentre una forma de deshacerse de esos mosquitos impertinentes en su habitación y… ¡Felices sueños!

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Foto: cortesía de Info-Lite Teacher bajo los criterios de Creative Commons (Flickr, 17-4-2018).