Conociendo Japón (3): análisis de su éxito empresarial y sistema de trabajo: ventajas y desventajas

21 julio, 2017

Por Eddy Montilla.

La mejor forma de entender lo que significa el trabajo en Japón es mirando la vida de las abejas: tienen un excelente sistema de organización de trabajo (igual que los japoneses), pasan casi todo el tiempo concentradas en lo que tienen que hacer independientemente de la aspereza de su trabajo y de su vida misma (igual que los japoneses) y cuando su labor ya no puede ser realizada o no es necesaria, su razón de vivir también llega a su fin (igual que muchos japoneses).

Aspectos positivos del sistema de trabajo en Japón

(+) Fuerte sentimiento de pertenencia y fidelidad a la compañía donde se labora

Desde Estados Unidos hasta Francia, desde China hasta Kenia o desde Australia hasta Brasil, es decir, a cualquier lugar donde viaje, verá el mismo pensamiento de los trabajadores con respecto a la compañía donde laboran: salario recibido por horas trabajadas. “Yo estoy aquí porque me pagan un salario con el que puedo poner comida sobre la mesa. Mientras me sigan pagando, sigo trabajando. Si encuentro un trabajo mejor, me voy inmediatamente. Poco me importa si la empresa va bien o mal. Al fin y al cabo, no es mía”.

”¿Qué te pasa?” Le pregunté un día a Mariko. “Te noto un poco preocupada”.

”Es que en la tienda donde trabajo a tiempo parcial después de la Universidad vienen pocos clientes. “Taihen” (¡Qué problema!). Me dijo.

Lo interesante de esta pequeña anécdota es que su salario, unos 850 yenes por hora (9 dólares aproximadamente al momento en que escribo), ni sube ni baja por la llegada de clientes. En las mismas circunstancias, ¿a cuántas personas usted conoce que estarían preocupadas por no tener muchas cosas que hacer? Aquí está la diferencia: en Japón, los empleados se sienten conectados a la compañía donde laboran con un nivel muy alto de responsabilidad y lealtad.

(+) ”Nosotros” va delante de “Yo”

El más grande secreto y base del éxito empresarial japonés no es su avance tecnológico, como muchas personas piensan (Alemania, Estados Unidos y otros países también lo tienen), sino el haber creado en sus ciudadanos la idea y sentimiento de tener que moverse al unísono en el trabajo. Ellos ponen con frecuencia detrás el “yo” y la secuela de egoísmos que esta palabra generalmente trae para dar prioridad al “nosotros”, creando así la sinergia que permite el desarrollo colectivo. Observe la empresa en la que usted trabaja. Es casi seguro que encontrará muchos ejemplos de empleados que no están empujando como grupo, sino tirando cada quien por y para su lado a nivel individual.

Siempre me gusta ilustrar la idea del trabajo en grupo de los japoneses con el ejemplo que vi un día cuando unos empleados estaban plantando un árbol: un empleado llevaba el árbol que se iba a plantar, otro tenía la pala, otro una regadera, el jefe tenía una pequeña estaca y la secretaria tenía una cámara para tomar la foto del recuerdo. En ese momento, me puse a pensar que hubiese pasado en otros países que conozco. Seguramente el jefe le hubiera dicho a Hugo (nombre hipotético) que hiciese ese trabajo y este lo habría hecho no sin antes pensar dentro de sí lo siguiente sobre su jefe: “¿Quién piensa este pendejo que yo soy?, ¿el más feo? ¿Por qué me manda a mí y no a Pablo, José o Manuel, que siempre están por ahí sin hacer nada?” Esta decisión del jefe solo sirvió para añadir una gota más de veneno a la relación entre él y su empleado, relación que ya de por sí parecía estar envenenada.

(+) Responsabilidad social alta

La responsabilidad social que deberían tener las empresas para con la sociedad de la cual se nutren es algo relativamente nuevo. En términos prácticos hablaríamos de unas tres décadas, en mi opinión. En Japón, sin embargo, esta idea podría casi triplicar ese tiempo. Y si tomamos en cuenta el pensamiento grupal que prevalece en ese país, es probable que siempre haya existido. La sociedad es la persona y la persona es la sociedad. En la medida en que la sociedad mejora, todos mejoran. Bajo esa filosofía trabajan los japoneses frecuentemente. A eso, hay que añadir su compromiso con la calidad: cualquier producto japonés sobrepasa los estándares mínimos de calidad y, en materia de servicio, probablemente sean los mejores del mundo.

(+) Hacen del trabajo una forma de diversión con cada meta obtenida

Mundialmente existe la percepción de que los japoneses están siempre trabajando. Eso no está lejos de la realidad. Si recibimos dinero por trabajar, quiere decir que el trabajo no es algo muy fácil de hacer. Entonces, lo realmente interesante en este caso es preguntarse cómo pueden ellos trabajar tan maratónicamente. La respuesta podría ser el placer sentido con cada tarea de trabajo realizada.

Aspectos negativos del trabajo en Japón

(-) Obsesiva búsqueda de la perfección

Los japoneses son perfeccionistas y le dan gran importancia al cambio. Para ellos, hay que estar constantemente buscando algo nuevo, pues ven desarrollo en cada cambio. Los productos, por ejemplo, “cambian” constantemente y ellos enfatizan el cambio en la publicidad: “¡Nueva cerveza!, ¡nuevo pastel en la cafetería! Y así sucesivamente. Al principio, esta idea es buena y si no aparece entre los aspectos positivos es porque gradualmente se vuelve obsesiva. El estrés que crea la obligación de tener que mejorar, tener todo correcto y perfecto lleva al suicidio a decenas de miles de japoneses cada año. Pero es solo la punta del iceberg: hay millones de trabajadores que necesitan medicina o alcohol para poder dormir y muchos millones más de jubilados en la misma situación.

Tomándome un café en una cafetería dentro de unos grandes almacenes, observaba cómo trabajaba una dependienta japonesa en una tienda. La chica no estaba fija ni un segundo: cambiaba la ropa de posición, la combinación de las faldas y blusas y otras cosas más hasta que llegara algún cliente. Era algo así como: ”Si no tienes realmente nada que hacer, tienes que inventártelo”. En Toledo, España, en una tienda, me encontré con un caso opuesto al anterior. Vi a toda una familia, desde el abuelo hasta el nieto, trabajando en el mismo lugar. Nadie se movía, todos estaban charlando conmigo hasta que llegó un nuevo cliente y durante todo ese tiempo nos reímos mucho. No llevan una vida tan moderna como el dueño de aquella tienda japonesa, pero tal vez sean más felices. Si usted pule demasiado en búsqueda de brillo, al final termina desgastando la cosa pulida. Es que, en un mundo limitado, tratar de vivir sin limitaciones crea muchos dolores de cabeza.

(-) Falta de flexibilidad

Recuerdo un viernes por la noche cuando salía de un restaurante. Al frente del lugar, había un trabajador japonés, vestido impecablemente, golpeando ligeramente con su cabeza un poste de luz. Él estaba borracho, pero la razón de su acción no eran las múltiples cervezas que pudo haber tomado esa noche, sino algún error cometido. La búsqueda de la perfección obsesiva que mencionamos antes deja poco espacio para la flexibilidad en cuanto a los errores por la competitividad.

Mientras en otros países se trabaja por un periodo de tiempo establecido (“Ya son las seis de la tarde, termino mi trabajo por hoy. Me voy, hasta mañana, chicos”.), los japoneses trabajan por tareas hechas: no has terminado lo que tienes que hacer ni tus compañeros tampoco, pues no regresas a tu casa. Eso explica las largas horas de trabajos extras que los japoneses hacen diariamente. Camine a las ocho y hasta nueve de la noche y verá aún las luces encendidas de las oficinas en los edificios. Estamos hablando de más de 10 horas de trabajo al día sin contar las horas de desplazamiento al lugar de trabajo. En África usted puede morir de hambre; en Latinoamérica usted puede morir por falta de dinero para comprar medicinas o por un atraco, pero en ningún caso será por exceso de trabajo. En Japón, por el contrario, el karoshi (muerte por exceso de trabajo) mató a más de 2000 personas en el año 2015. Un caso de gran resonancia fue el de una joven de 24 años que llegó a trabajar hasta 105 horas extras en el mes anterior a su suicidio. Muchos otros casos no salen a la luz pública y se resuelven con millones de yenes ofrecidos a la familia como compensación. En otros casos, el estrés se vuelve casi insoportable. Entonces, los empleados trabajan pensando que al llegar la noche van a beber alcohol como locos, y beben alcohol como locos esa noche pensando que mañana tendrán que trabajar de la misma forma.

(-) Fuera del trabajo, pocas expectativas

Si usted participa en una fiesta de empleados japoneses, notará como hay mucha comida, mucho alcohol y después de comer y beber, mucha conversación sobre… el trabajo. Mientras muchas personas en otros países buscan separar la vida laboral de la vida familiar, en Japón solo hay una vida: el trabajo. Las horas dedicadas a trabajar sobrepasan las de la familia y el descanso. El traslado de empleados a otras ciudades es frecuente y la familia no va con el padre. Los padres pasan poco tiempo con sus hijos y en las últimas décadas en muchos casos ya ni siquiera llegan a tenerlos: son sustituidos por perros o gatos.

Japón es un país con una sociedad envejeciente. Contrario a otros países, la aceptación de inmigrantes es muy reducida y las familias sin niños van cada año en aumento. Hoy, el índice de desempleo es bajo y la situación económica es estable. Sin embargo, de no realizar cambios en la vida laboral, en un par de décadas, el país sufrirá las consecuencias de la carestía de mano de obra, el desequilibrio o ruptura familiar y el gran problema de familias unipersonales aun nivel tan peligroso que prefiero no pronosticarlo.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico digital Mundo Y Opinión.

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El precio por la perfección en Japón: ¡Tsuraiyo!

23 diciembre, 2012

Por Eddy Montila

Desde el primer momento en que llegas al aeropuerto en Japón, sientes como que estás en otro mundo, en un mundo perfecto: Cientos de trenes saliendo con una diferencia de segundos para llegar a tiempo, servicio impecable en las tiendas, restaurantes y hoteles. Todo perfectamente ordenado, limpio y exacto. Pero a muy temprana edad, aprendí que nada es gratis en este mundo, y que hay que pagar un precio por todo, hasta por las cosas buenas. ¿Y cuál es el precio que Japón paga por su perfección?

     Viernes 14: Son las diez de la noche, y voy de regreso a casa después del trabajo. Veo a un hombre visiblemente borracho que se quita la chaqueta pese a una temperatura de unos cuatro grados y empieza a golpear un poste de una parada de autobús mientras murmuraba algo entre dientes. Me imagino que habrá cometido algún error en el trabajo o fue regañado por su jefe.

     Sábado 15: Son las siete y treinta de la mañana y estoy tomando un café en una cafetería antes de empezar mi trabajo. Un hombre y una mujer extremadamente borrachos charlan en un rincón, lo cual quiere decir que es muy probable que hayan amanecido bebiendo. Ella tiene unos 30 años y él unos 50. Ella le contaba una letanía de problemas de su trabajo y disgustos que tiene con sus compañeros. Él, por su parte, pretende que está escuchándole cuando en realidad su mente al igual que sus ojos no se apartan de las piernas de la mujer. En la noche, la misma historia con personaje diferente: Una mujer tirada en la calle llora y hace esfuerzos por levantarse. Pienso que le ha pasado algo y corro a ayudarle. La razón de no poder estar de pie es la borrachera que tiene. ¿Por qué lloraba? Solo Dios sabe; ¿Por qué tomaba? Eso yo lo sé: Para olvidar sus penas.

Tokio

Los tres casos que les he contado pasaron en menos de 24 horas. Me pregunto cuántos más sucederán sin que nos demos cuenta. Más de 30,000 personas se suicidan en Japón cada año. Una de cada cinco personas tiene que tomar alcohol o medicina para poder dormir debido al estrés o depresión. Este es el precio que mucha gente está pagando por esa “perfección”. ¿No será demasiado alto? ¿Y saben qué es lo más irónico de esta situación? Que la perfección no existe: Somos seres imperfectos que tratamos de hacer las cosas cada día mejor, y nada más.

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Consejos a personas de color negro que vienen a Japón: ¡¡Bikkurishita!!

21 noviembre, 2012

Por Eddy Montilla.

Hace ya algunos años, tenía seis estudiantes en mi aula. Dos eran afroamericanas y los otros cuatro eran de color blanco. Les di una copia en blanco y negro para practicar algunos ejercicios de gramática. En ese preciso momento, una de las dos jóvenes afroamericanas dijo: “¡En esta copia, todas las personas son blancas!” Y luego empezó, junto con su otra amiga del mismo color de la piel, a colorear con un lapicero negro algunos dibujos. No entendí bien la idea, pues en una copia en blanco y negro lo que se trata siempre es de usar la menor cantidad de tinta posible, pero bueno, así fue como aprendí que cuando se habla del color de la piel, muchas personas pueden volverse muy sensibles.

     Ahora vayamos al grano. Los japoneses son bien conocidos por su cortesía y hospitalidad. Sin embargo, debido a que ese país estuvo más de doscientos años aislado del mundo, la falta de información confiable y buena educación sobre asuntos internacionales, la visión que tienen muchos japoneses sobre los extranjeros y otros países está muy lejos de la realidad, lo cual contrasta mucho con sus grandes conocimientos y avances tecnológicos. Por eso les presento algunas situaciones que las personas negras (igual que yo) pueden encontrar si viven en Japón varios meses y aprenden un poco de japonés para entender lo que la gente está diciendo. Les dejo además algunas recomendaciones para lidiar con el problema.

  1. Idea errónea sobre tu nacionalidad: Para muchos japoneses, si tú eres blanco, eres de los Estados Unidos (primera opción que les llega a la mente), de Francia o Italia. ¿Y si eres negro, entonces eres… ¡de algún país de África!

    Consejo: Sé paciente y toma a broma todo esto sobre tu nacionalidad. Además, esta inconveniencia puede convertirse en una buena oportunidad para presentar tu país. 🙂

  2. Sobre la policía: Las posibilidades de ser parado por la policía y que se te sea solicitada alguna identificación personal son docenas de veces más altas que las de cualquier extranjero blanco (como en muchas películas de Hollywood: El héroe es blanco y el villano negro).

    Consejo: Mira el lado positivo de la situación: Por lo menos, los policías japoneses son amables y no te gritarán ni te llamarán a punta de pistola.

  3. Excesivo miedo, sorpresa o comentarios sobre tu persona: La parte más espinosa. Muchos japoneses conocen más sobre el mundo exterior a través de películas y programas de televisión sensacionalistas que por medio de estudios sociales y noticias. Por eso, los estereotipos con respecto a los extranjeros abundan por doquier. Al abrirse las puertas de un elevador o cuando una persona mira hacia atrás, al encontrarse tu mirada con la de otra persona, es probable que escuches la palabra “bikkurishita”, la cual significa “¡qué susto me has dado!”. Algunas personas, sobre todo mujeres y niños, podrían decir al verte: “¡Kowai!”, es decir, “¡tengo miedo!”, especialmente si es de noche. Finalmente, si eres buen observador, notarás que algunos japoneses te mirarán furtivamente mientras hacen un comentario que, en muchos casos, es sobre tu persona.
  4. Consejos: Mantén cierta distancia, dentro de lo posible, de las personas y mantén también una sonrisa en tu cara (¡o por lo menos, evita fruncir el ceño!). Recuerda que ellos serán muy amables contigo una vez que puedas conocerlos. Y lo más importante: La actitud de estos japoneses sobre el color negro de la piel no es cien por cien su culpa, sino el resultado de la forma aislada como vivió ese país por casi dos siglos. Entonces, trata primero de entender y luego de ser entendido.


¿Cuál es el país más solitario del mundo?

23 mayo, 2012

Por Eddy Montilla.

Yo no lo sé.

¿¿¿El qué???

Siento desilusionarlos, pero así como lo han leído. Yo no lo sé, pues hay 192…196 países en el mundo y yo no he estado en todos para darles la respuesta correcta. Sin embargo, estas dos historias podrían ayudarnos a encontrarla. Yo estaba almorzando en un pequeño restaurante y dos jóvenes que estaban cerca de mi mesa usaban sus teléfonos inteligentes. Por una hora, la hora que yo estuve allí, no dijeron nada, no hablaron nada y solo usaban sus “smartphones”. No estoy bromeando ni exagerando: UNA HORA sin palabras, y al final, una de las jóvenes le dijo a la otra al momento de despedirse: “¡¡Me divertí mucho contigo hoy!!”

La segunda historia sucedió en una cafetería. Un señor de unos ochenta años entró allí y pidió un café. Lo tomó relativamente rápido y luego empezó a hablar con una de las empleadas que escuchaba la historia del abuelo con una amplia sonrisa, pero frotándose las manos en señal de impaciencia. Este abuelo estaba simplemente buscando a alguien con quien hablar y la mejor manera era comprando un café y también de alguna u otra forma la conversación. Él no ha visitado a sus vecinos en los últimos doce años ni sus vecinos lo han visitado a él tampoco. La misma situación ocurre con otras personas de la vecindad aunque se saludan si se encuentran en la calle por casualidad. Les repito que no sé cuál es el paí donde se vive en mayor soledad en el mundo, pero estoy seguro de que es muy difícil vencer a JAPÓN en ese aspecto.

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Amor, edad y matrimonio

2 enero, 2012

Por Eddy Montilla

Eddy: En casi todas las circunstancias, hasta en las más trágicas, hay ganadores y perdedores. Eso es lo que yo aprendí cuando vi en menos de tres horas a tres diferentes parejas caminando agarradas de la mano.

Lector: Lo único trágico que yo veo en tu historia, Eddy, eres tú, porque… ¿Qué hay de malo en caminar agarrados de la mano?

Eddy: Un momento, es que no te he dicho toda la historia. Después del terremoto en marzo del año pasado en Japón, las compañías que trabajan haciendo matrimonios arreglados ganan más dinero que agua saliendo de una tubería. ¿Y saben por qué? Porque muchas mujeres quieren casarse después del terremoto a toda costa, no importa con quién. Estas parejas tenían una diferencia de edad de más de 15 años. Si todos se casan por amor, perfecto. ¡Me quito el sombrero y saludo al amor! Pero algo me dice que estas mujeres quieren casarse porque se sienten solas o porque quieren sentirse protegidas. Y eso sí que es un problema. En los próximos años todo marchará bien, pero en 10 años, estoy seguro de que pasarán de señoras protegidas a señoras protectoras.

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Partos del Terremoto en Japon: Dolor y Problemas

20 marzo, 2011

Por Eddy Montilla

Los japoneses se caracterizan por no mostrar emociones en los rostros. Esta característica ha desaparecido en muchos, por lo menos, en estos días después del terremoto. He visto aquí a mucha gente llorar independientemente de su edad o sexo. Llorar por lo que vieron (catástrofe) o por lo que perdieron (sus casas y familias). Hace apenas un par de minutos, vi a un abuelo regresar de un refugio a donde supuestamente debía estar su casa. No había nada.

     Este abuelo empezó a llorar y, no tanto por la casa que había perdido, sino por su familia, a la cual no había encontrado. Al igual que este abuelo, hay ciudades como Kesenuma, Iwate, Ishinomaki entre otras donde hay muchas personas que han perdido algún familiar o conocen a alguien que sí ha perdido a alguien. Al momento que escribo, los muertos se elevan a 7,653 personas y por los menos 11,747 desaparecidos. Son las secuelas de un terremoto tan fuerte que ha sido capaz de desplazar la península de Oshika de la prefectura de Miyagi unos cinco metros.

     Para casos de desastres, en Japón hay lugares designados de refugios que casi siempre son escuelas. A nueve días del terremoto, hay muchas familias apiñadas en estos lugares, muchas de ellas viviendo en un espacio menor de cuatro metros cuadrados. La falta de agua, luz y comida empeoran las cosas. Yo llamo a Miyagi la puerta del norte de Japón. Todavía no llega la primavera y las temperaturas se mantienen bajas. Hace dos días, cientos de personas, al igual que yo, tuvimos que hacer colas de más de cuatro horas con temperaturas entre los tres y cinco grados para conseguir algo de comida. Otros que estaban durmiendo a la intemperie o dentro de los carros durante los primeros días lo pasaron peor.

     Ayer fui al centro de la ciudad de Sendai y se veía, para ser fin de semana, prácticamente desierta. Casi todos los centros comerciales están cerrados. Me temo que se necesitará por lo menos un mes para que la gente vuelva a caminar por las calles de la ciudad como hacía antes. En las ciudades más afectadas ni siquiera me atrevo, por respeto a sus residentes, a poner una fecha.

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Terremoto + Tsunami= Un Japon Destruido

19 marzo, 2011
Frente de una casa destruida por el terremoto

Japon necesitara tiempo para levantarse de este terremoto

Por Eddy Montilla

El tsunami o maremoto se hizo cargo de la parte que el terremoto no devastó en la provincia de Miyagi, Japón. Aunque la sirena de alarma contra tsunami sonó, la intensidad y la rapidez con que el agua del mar entró en las ciudades fue tanta que no dio tiempo a muchos a escapar.

     El agua engullía autos, arrancaba las casas de sus bases, llevándose a los que estaban adentro. Fue un momento realmente aterrador. Lo que muchos han visto en fantasía, aquí se vivió en realidad. En apenas unos minutos, el mar se llevó la vida de miles mientras otros huían para salvar la suya. Aquellos que tuvieron más suerte miraban impotente desde las partes más altas de las pocas construcciones que quedaban de pie. Cuando el tsunami pasó, de aquellas ciudades por donde yo caminaba o visitaba, prácticamente no quedaba nada, o tal vez sería mejor decir, sólo el recuerdo. Casi todo fue destruido. En un abrir y cerrar de ojos, un pueblo lleno de casas pasó a ser un lugar lleno de escombros y muertos.

     Después del terremoto, la tierra ha temblado cientos de veces, y decenas de estos temblores tienen la misma magnitud que el que golpeó a Nueva Zelanda el mes pasado. Sentía los temblores a un ritmo de tres por hora el primer día. La gente trata de mantener la calma, pero se ve y se siente la angustia en cada ciudadano que camina en busca de comida, algún familiar desaparecido o refugio.

     No es lo mismo aquel general que está dirigiendo una guerra desde su tienda de campaña a aquel soldado que está justo en la línea del frente de batalla. El primero se encuentra seguro, no dispara un tiro y ordena. El segundo, en cambio, tiene la vida pendiente de un hilo, “ve” las balas cerca de su cabeza y no puede escapar. Lo que se ha visto por la televisión y lo que realmente pasó aquí son hasta cierto punto un poco diferentes: En la televisión da lástima; aquí, es horroroso, traumatiza y todavía da miedo.

     Algunos dicen que en poco tiempo, Japón volverá a la “normalidad”. En Miyagi, yo pienso, en cambio, que la vida nunca volverá a ser normal, por lo menos, para miles de japoneses.

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