Últimos poemas de amor: por él

3 mayo, 2018

Por Eddy Montilla.

Me dices que no sabes qué es lo que ha pasado,

que ya no te llamo, que no estoy contigo,

que a dónde se fue aquel juramento

de dos colegiales jugando a ser hombres,

el día que juraron con manos en el pecho

ser amigos para siempre, para siempre amigos

y vivir la vida con final feliz.

Y dices que no importa que te hayas casado,

que yo soy tu amigo, más que un hermano,

que siempre habrá una puerta abierta para mí,

que venga a visitarte como antes lo hacía

para tomar una copa y jugar al ajedrez

y hablar de la vida y de filosofía

porque, antes que ella, en tu mundo yo estaba

y soy tan importante como ella para ti.

Además, la conozco como la lluvia al prado.

No hay que estar tan solo, hay que ser feliz.

No olvides mi amigo, mi amigo del alma

que a veces la distancia que tanto rehuimos

es la mejor prueba de una amistad.

He renunciado a cosas que nunca te he dicho

para mantener firme mi fidelidad,

fidelidad que crece en la distancia,

distancia que abona todas mis nostalgias,

nostalgias que son fruto de mis largas horas en silencio,

de mis pensamientos,

de aquello que pudo haber sido y no fue.

Y todo eso, por ti y para ti.

Y, por favor, no me digas, no me digas más

que ella muchas veces ha preguntado por mí,

que dice y también insiste en que quiere verme

aunque solo sea de cuando en vez.

No sabes sobre qué ella quiere hablar conmigo

y piensas en cosas que nos conciernen a los tres.

¿No puedes ver que la realidad siempre tiene dos caras?

Solo ves el derecho sin ver el revés.

Cuando ella te pregunte por mí otra vez,

dile que me he ido, y no sabes por qué,

a tierras lejanas sin deseos de volver ni mirar atrás.

Es como mi exilio por conservar mi palabra,

nuestro juramento, nuestra amistad.

¡Qué ingenuo eres mi hermano! ¡qué sano eres mi amigo!

Nunca supiste que ella me amaba y que yo la quería también,

pero tú la viste y empezaste a amarla

y tú eres mi amigo, más que un hermano.

Por eso hoy ella es tu mujer:

yo los presente.

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Últimos poemas de amor: Ese día

25 febrero, 2018

Por Eddy Montilla.

Echado en la cama, sin poder dormir,

arropado con la sombra de una noche fría,

sin un perro viejo, sin un simple: “hasta mañana”

o un sonido que me haga creer

que vivo con alguna compañía.

Echado en mi cama, en mi cama vacía

donde todas las estaciones son gélidos inviernos

con días cortos, largos momentos y noches muy frías

llenas de viejos recuerdos o amargos tormentos.

Enciendo el televisor y no veo nada.

Tomo el teléfono y no encuentro nada.

Abro la ventana y no escucho nada.

Y así pasan mis días, días que rápidamente se vuelven semanas;

y las semanas, meses; y los meses, años,

años que transcurren frente a mis ojos,

llevándose mi vida sin darme a cambio nada.

¿Qué es la soledad? Me pregunto esta noche:

¿el amor que nunca vino o el amor que ya se fue?

¿Qué es la soledad? Os pregunto esta noche:

¿Mi corazón abatido o el tictac de mi reloj?

Estoy cansado: nunca lo he admitido, nunca lo he informado.

Ya no quiero decir nada, no quiero pensar nada

porque hoy, lo único que tengo es la esperanza de mañana.

Sí, de un mañana donde la mar esté cerca de mí

y tenga un jardín donde cultivar flores para dar a alguien,

a alguien como la mar, cerca de mí;

un mañana donde pueda hacer esas “pequeñas cosas”:

como tomar un café mirando las montañas al atardecer.

Ese día, no tendré que trocar mi realidad en sueños

ni engañarme a mí mismo escribiendo estos Últimos Poemas de Amor

porque ese día, ese día, como la mar,

el amor, por fin, estará cerca de mí…

estará conmigo, para siempre, y en mi cama.

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Últimos poemas de amor: entre el amor y la amistad

22 julio, 2017

Por Eddy Montilla

Si algún día la vez, no le digas nada.

El silencio desnudo siempre ha demostrado

que puede ser tan fuerte como la palabra.

Solo sonríe, con toda tu calma

y así entenderá cómo es la soledad,

cómo puede llegar a horadar el alma.

Háblale de todo, pero no le digas nada.

Ha pasado mucho tiempo,

y el tiempo, todo lo delata.

Háblale de todo, no le digas nada.

De cómo he estado,

de si río o si lloro, si lloro o río,

si todavía salgo por las noches

a dar esas largas caminatas,

ni una sola palabra.

De cómo estoy viviendo o qué estoy haciendo,

si pienso y vivo en el pasado

o si por fin ya lo enterrado,

si sigo bromeando como antes lo hacía

para disimular mi corazón taciturno,

si sigo escribiendo estos tristes poemas,

no le digas nada, por favor, no le digas nada

porque el viento se lleva las hojas secas,

mas las hojas secas también se llevan el viento.

Si algún día la ves, no le enseñes nada,

ni fotos ni vídeos ni viajes ni andanzas

ni regalos ni rumores que mueren con el alba.

Evocar recuerdos, cultivar nostalgias

de ninguna manera aumentan la esperanza.

Hoy, a esta etapa de mi vida,

ya dejo esas cosas para esas “noches de entierro”:

la habitación a media luz…

Jamón Serrano, queso Manchego

y un buen vino tinto que alimente el recuerdo.

Si algún día la vez, párate, pero no te detengas.

Si tú la querías por fuera; yo la quería por dentro.

Yo amaba su alma; tú amabas su cuerpo.

Somos amigos, somos como hermanos,

Los dos la quisimos. Ninguno la tuvo

Los dos perdimos, los dos la olvidamos.

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Últimos Poemas de Amor: si pudiera volver atrás

28 febrero, 2017

amanecer

Por Eddy Montilla

Si pudiera volver atrás, le habría dicho “sí” a quien tantas veces le dije “no”,

habría besado a mi mejor amiga, aquella noche lluviosa después de clase, y hoy, todo sería diferente…

La única oportunidad que tuve, la única cosa que ella pidió.

Todavía, a veces, me pongo a pensar en esa noche…

Caminando juntos bajo un mismo paraguas,

llenos de sueños, llenos de esperanzas.

Ella, quizás, buscando algo diferente, pero igual;

yo, por cierto, sin saber qué hacer ni cómo reaccionar.

Si pudiera volver atrás, le habría dicho que “no” a quien le dije que “sí”

porque el amor a medias es peor que estar sin amor.

Yo habría tomado más riesgos,

habría ahogado mis miedos sobre el futuro

y tomado más acciones en el presente.

Si pudiera volver atrás,

habría cultivado más rosas (blancas, rojas, rosas y amarillas)

en vez de esperar tantas horas por una estrella fugaz.

Habría caminado más sobre la arena, con los pies descalzos y cantando una canción.

Habría disfrutado más de la mar, mirando el horizonte y tratando de encontrar el mío.

Si pudiera volver atrás,

habría ido más al parque,

a ese parque por donde los sábados ella caminaba,

libros en mano, pantalones blancos y labios carnosos de carmín,

en vez de caminar con mi soledad.

Si pudiera… ¡Solo Dios sabe cuántas cosas habría hecho si pudiera!

Pero no puedo.

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